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Información General Sábado 13 de Agosto de 2011

“Si sólo te rodeás del mundo de la fama, su ficción te come”

Cuando “rompió bolsa” estalló su fama y aceptó el juego sabiendo que era una mentira. Fue parte de los programas más vistos de la TV, saltó a la pantalla grande y nunca abandonó el teatro. Cuando tuvo que elegir, prefirió la salud al éxito. “Todo por el humor pasa, se suaviza, sana”, confiesa Silvit Yori a LA OPINION.

María Florencia Forni

Por María Florencia Forni

Todos los chicos suelen inventar historias, pero Silvit además de fantasearlas, armaba la puesta en escena, convocaba a su público e incluso compraba galletitas para agasajarlos después de la función: “era genial, armábamos una merienda show”.

Silvit Yori es la actriz rafaelina que aún habiendo trabajado en los programas más vistos de la TV (“Videomacht”,“Los Roldán”, “Patito Feo”, “Mujeres de nadie”), mientras participaba en teatro y en el cine comercial, nunca dejó de pensar la fama como una mentira: “si no estás en la Tierra y dejás de ir al supermercado o de juntarte con tu familia, y sólo te rodeás de ese mundo de ficción, la ficción te come. Porque la fama es eso, una ficción, una mentira”.

Si la fama y su ficción no la sedujeron quizás fue porque Silvit nunca renegó de su ciudad, sus afectos, sus valores: “Para mí estaba bueno y era divertido ser famosa, pero no era mi verdad. Yo tengo marido, tengo mi familia, mi mamá tiene un quiosco alejado del glamour de la tele y las paredes de mi casa llenas de humedad no se parecían a la de Los Roldán. Además la fama es tan efímera; podés llegar a ser famoso porque sos un capo como Julio Chavez o simplemente porque filmaste un video”.


ROMPIO BOLSA Y VOLO

De chica Silvit había vivido en el Club Juventud y allí sola, jugaba arriba del escenario creando sus propias historias. A veces, junto a dos amigas montaban pequeñas obras de teatro e invitaban a los vecinos del barrio quienes incluso pagaban para verlas. “Algunas veces hacíamos limonada con masitas y otras leche chocolatada, para convidar después de la función. Era genial, nos producíamos una merienda show”.

Recién a los 24 años esta mujer de sonrisa fácil empezó a estudiar profesionalmente teatro en el taller que Marcelo Allasino ya coordinaba en La Máscara y junto a Punto T brilló en obras como “La Brusarola”, “Silvit rompió bolsa”, "Sueño de una noche de verano", "Lysistrata", entre otras, en la cuales por su actuación recibió críticas excelentes en la prensa nacional.

Una noche en 2002, cuando estaba presentando su unipersonal en Rosario, luego de la función se acercó un productor de Videomatch para invitarla al concurso Manicomic.


COMIC SI, MANIC NO

Silvit no lo dudó y en dos días estaba en Buenos Aires. Ganó la primera ronda del concurso y aunque había sido eliminada en la segunda, la productora la llamó para participar en una obra que se presentaría en Mar del Plata. ¿Allí comenzó todo? No, parece que Silvit siempre supo que allí sólo comenzarían los años de fama, de gente que la paraba en la calle para sacarse fotos, o se las sacaba de lejos con el celular, gente que se preocupaba en dar detalles sobre eso que ella mismo había grabado unos días antes… Silvit rompió bolsa y voló, pero nunca se dejó encandilar por las luces de la gran ciudad. Comic, sí. Manic, no.


ESFERA PERFECTA

A Silvit la conocimos con otro cuerpo, uno al que ella misma define enorme. “Pesaba 153 kilos y mido 1,53. Mi chiste es «era una esfera perfecta»”.

¿La tele condiciona? “La gente te mira como un fenómeno, pero a mí ser gorda me sirvió. Cuando iba por la calle en vez de pensar «mirá la gorda esa», las personas me decían «ay la gordita de Los Roldán»… existen estereotipos muy marcados; en la tele no hay rubios que sean malos y los gordos causan risa”.

El verano posterior al exitoso programa, que llegó a medir 42 puntos de rating, Silvit decidió someterse al bypass gástrico. Y al año siguiente, cuando la convocaron para grabar “Patito feo”, el productor la vio “y me dijo que me esperaba con el otro cuerpo; es decir, me pretendía gorda”. Entonces “le respondí que ahora tenía este cuerpo, pero que seguía teniendo el mismo talento y que podía hacer más cosas que antes”.

“Si fuese gorda me seguirían llamando mucho más y yo estaría rodando por los canales, pero yo decidí operarme por salud y estoy feliz. Ya no podía caminar tres cuadras seguidas y había dejado de ir a bares porque cuando se llenaban, no podía pasar entre la gente”.


UN ACTO DE AMOR

Actriz de tele, teatro y cine, Silvit se adapta al formato: “El teatro está vivo todo el tiempo; si el actor no va la obra no se hace, si el espectador no va, la obra no se hace. La tele en cambio está prendida y a veces sólo te ven de rebote… Ir al teatro es un acto de amor de la gente porque la gente no sabe qué va a ver. Se viste linda en su casa, se perfuma, invita a alguien y arma el plan para verte. Paga la entrada sin saber antes si se va a clavar. Te escucha, te aplaude, se hace cómplice. Y en general se va feliz porque estuvo feliz de ir”.

Y Silvit continúa: “adoro hacer tele, pero son cosas distintas. En tele hacés lo que escribieron y en el teatro si bien respetás mucho lo que escribió el director, tenés que cambiar ciertas cosas cuando ves que al público no le gusta. Y a mí me gusta cambiarlas para devolverles algo y en eso me va bien”.


EL DIA QUE NO SONRIAS

En 2010 regresó a Rafaela, actualmente continúa haciendo y enseñando teatro en el Centro Ciudad de Rafaela y recientemente actuó en el largometraje “Lo que sabe el cuerpo” con la productora local La Planta Cinematográfica. Este sábado presenta “Silvit delux” en Chimbote Pub (23 horas).

Silvit ríe mucho y regala risas por doquier pero su humor no es un pasatista. “El humor, para mí, es fundamental. Todo por el humor pasa, se suaviza, sana. Además, si bien desconozco el mecanismo, es un modo de asumir las cosas. Yo estoy contando algo trágico que me pasó y nos estamos riendo por cómo lo cuento”.

La mayor fortaleza de Silvit quizá sea el sentido del humor. Ella sabe girar el caleidoscopio y con trozos de experiencias, trágicas o amargas o graciosas, arma una historia mejor. Quizás sea cierto eso que pensaba Chaplin: “mirada de cerca la vida es una tragedia, pero vista de lejos, parece una comedia…Nunca te olvides de sonreír, porque el día en que no sonrías será un día perdido”.

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