Por María Florencia Forni
El viernes 23 de marzo último el elenco de Centro Ciudad de Rafaela estrenó su nueva producción: “El cuadro filodramático”, un obra del santafesino Jorge Ricci, bajo la dirección de Edgardo Dib, ambos presentes esa noche en la sala del Teatro Lasserre.
La historia sitúa al espectador en la década del 50, contando la trastienda de una función en gira en la que el grupo de teatro ambulante (un cuadro filodramático), debido a una serie de factores, corre el riesgo de desmoronarse. Desencuentros, males entendidos, romances “prohibidos”, intereses personales que contradicen los de un grupo, compromisos sociales que se oponen a los deseos…
Entre esos factores presentes en la historia, el más importante, sin embargo, pareció ser el popurrí de escenas propuesto por el grupo, que no recibiría la aceptación del público acostumbrado al sainete.
Y pensar al rechazo del público como un factor determinante en la continuidad o desmoronamiento de una función, implica tomar conciencia de que toda obra de teatro existe en tanto exista un espectador que acepte el juego que nos propone esa ficción; implica tomar conciencia del rol activo y decisivo de los públicos.
LO FICTICIO Y LO REAL
En “El cuadro filodramático” los actores del CCR interpretan a “otros actores”, haciéndose cargo de una función ficticia (la del cuadro filodramático) y una función “real”, que acontece en un momento único e irrepetible, y de la que los espectadores somos partícipes.
Ana Aubagna, Miguel Ebenegger, Liliana Ferrari, María Rosa Luciano, Arturo Gentilini, Alba Vincenti, Virginia Tessio, Atilio Krilich, Beatriz Bouhier, Stella Zagrodnik, Vincha Alessandro Strina, Martín Tenorio, Teresita Tosco, integran el elenco, que cuenta con la especial participación del músico Jerónimo Rubino, quien ejecutando en vivo su acordeón, logra generar climas de mayor o menor tensión en el transcurso de la función.
Es mérito del director Edgardo Dib haber trabajado durante casi un año “limando” diferencias entre los puntos de vista y formaciones de ese elenco, e intentando aportar al texto una mirada adaptada al contexto.
Y esta puesta, en la que un grupo de actores representan a otros actores, nos invita a pensar al teatro como manifestación sociocultural gestada en un tiempo y un espacio determinado.
Pensar en el modo en que hacemos teatro, desde la instancia de producción o la instancia de consumo (vinculadas e interactuando entre sí); pensar las diversas funciones que este fenómeno cumple y ha ido cumpliendo en distintos momentos.
Uno de esos interrogantes sería acerca de la postura de los actores frente a la sensación de crisis. Y una acertada respuesta puede ser la de Edgado Dib, que en diálogo con LA OPINION decía: “El artista, el de todos los tiempos, busca seguir estando en escena, entregar su corazón. Y esa búsqueda para mí tiene que ver con la búsqueda del ser humano... de ir hacia algo, aunque no sepa muy bien qué es, tratando de seguir sus convicciones”.
Si bien el análisis de una obra implica considerar el uso que los artistas hacen de los lenguajes que intervienen en la puesta (escenografía, vestuario, maquillaje, iluminación, música, interpretación), en este caso, considerando y celebrando la trayectoria del Centro Ciudad de Rafaela, nos enfocaremos en ciertas consideraciones de carácter social.
Porque aquella noche en la sala del Lasserre, al final de la primera función, los actores se desnudaron simbólicamente ante el público. Sus rostros reflejaban una profunda satisfacción; esa que nos despierta, intuyo, el sentirnos parte de una familia. Una familia en la que hay encuentros y desencuentros, pero a la que se siempre se vuelve, como se vuelve a las raíces.
El CCR cumple 80 años y su historia nos habla de la historia del teatro en nuestra región: de sus hacedores, de sus públicos, de las diversas funciones sociales que el teatro ha ido cumpliendo, no sólo en Rafaela. Teatro que entretiene, teatro que conmueve, teatro que busca despertar conciencia, o que busca conservar la memoria…
LO QUE FLORECE
En las últimas décadas, desde distintas corrientes sociales, de cierto modo se ha criticado al teatro hecho por aficionados. Los actores aficionados que integraban los cuadros filodramáticos, pensaba esa noche del estreno, no participaban en talleres simplemente porque años atrás no existían estas instancias de formación en las localidades de la región. Y pese a la falta de formación, los actores hacían teatro con el corazón, eran recibidos por un público que entonces llenaba salas y plazas, y los aplaudía de pie.
Y no sólo “entonces”, porque ese viernes la sala del Lasserre estaba casi repleta, y muchas de las personas presentes, también aplaudieron de pie.
El teatro, pienso, se parece demasiado a la vida en sociedad. Y las obras, como los días del tema de Baglieto: “cantan la historia, del hombre al borde del hombre; cantan mañanas, no tienen miedo”. Por eso, “sólo se trata de vivir…con un amor, sin un amor, con la inocencia y la ternura, que florece a veces. A lo mejor resulta bien”.
Los comentarios de este artículo se encuentran deshabilitados.