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Información General Domingo 14 de Octubre de 2012

Se olvidaron de mudarlo

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Teresita Tosco

Por Teresita Tosco

Hacía varios días que el perro de la casa notaba una agitación en el ambiente que no lograba a entender. Apenas le alcanzaban el agua y la comida y corrían a acomodar ropa en bolsos y cajas. Movían los muebles de lugar, y habían empezado a desaparecer objetos que él tenía identificados desde siempre. Por fin, una mañana, el perro no encontró ni siquiera los zapatos de su familia humana. El cuarto de baño estaba vacío, y todo lo demás también. Fue al cuarto de baño porque era el lugar donde su amigo mientras se afeitaba a la mañana solía cantarle algo y hablaba con él. Pero ahora no le hablaba, ni lo miraba siquiera. En la calle, una camioneta tenía encima de su chata todo lo que había estado adentro de la casa. Movió la cola entre alegre y ansioso y se aprestó a partir. Le gustaba que lo sacaran a pasear arriba de algo. Cuando la camioneta se puso en marcha, el perrito se dirigió hacia el auto disponiéndose a subirse al lugar de siempre. Pero sus parientes humanos subieron sin mirarlo y cerraron las puertas del auto sin producir el silbido habitual que era la llamada que le significaba ¡arriba! Entonces se preparó a correr detrás del auto. Pero fue tan veloz la partida del vehículo que apenas alcanzó a correr dos cuadras y el auto se le fue de la vista. Volvió a la puerta de entrada y se sentó en el umbral a esperar. Todavía está ahí. Ya pasó mucho tiempo y es evidente que los habitantes de ese lugar no van a volver. ¿Cómo calificarlos…? No puedo. Deben tener una justificación más que valedera para haber cometido este acto despreciable, el abandono de la mascota del hogar. Pensar que para otros la desaparición de uno de estos seres casi significa la pérdida de un familiar cercano.

Los vecinos empezaron a darle agua y alimento. La mayoría trabaja y están poco en la casa como para entrarlo, y además muchos ya tienen recogidos otros animalitos que padecieron similar trato indigno por parte de quienes pretenden ser sus mejores amigos. Me pregunto: ¿habrá todavía alguien que pueda darle un espacio en su casa y en su vida…? Lo llaman Toto. Es de tamaño mediano, de color rojizo, muy vivaz porque es joven, adora los niños. Pero los vecinos tienen miedo que lo atropelle un auto porque le gusta jugar, y corre alegre por toda la calle. Alegre, pobrecito, inconsciente de su situación. Para que esta triste historia termine bien, quien pueda hacerlo llame por favor a estos teléfonos 15597756 y 501331. Gracias por leer este mensaje, pasarlo a quienes ustedes presuman que pueda aceptar tener un nuevo amigo en casa, y ayudarnos a que de a poco, muy de a poco pero ya empezamos, concienticemos a nuestros vecinos y actúen como seres humanos para merecer esa distinguida categoría que nos dio Dios a las personas.

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