Por Redacción
Dirección: Bill Condon. Elenco: Kristen Stewart, Maggie Grace, Robert Pattinson, Taylor Lautner, Dakota Fanning, Michael Sheen y otros. Duración: 115 minutos. Basada en la novela de Stephanie Meyer
Como sucediera con Harry Potter, esta saga de Crepúsculo supo sumar a sus filas a miles de adolescentes -generalmente niñas de 11 a 16 años- en pos de una trama reservada para los seguidores de la historia de Bella y Edward, y que fuera muy estirada principalmente por motivos económicos. La narración llega a su fin comenzando precisamente con el final de la peli anterior, con Bella (una Kristen Stewart que se decidió a actuar como la vampira que siempre quiso ser dejando de lado su pálida adolescente temerosa) cuidando de su hijita Renesmee, fruto de su amor con Edward Cullen (Robert Pattinson, cada vez más pálido). Por supuesto que también está el hombre lobo Jacob (TaylorLlautner, obligado a sacarse la camisa por contrato), convertido en fiel seguidor y cuidador de la beba por motivos que se develarán al final, como corresponde. Pero la niña, que crece a pasos agigantados ayudada por un maquillaje que parece inspirado en “Benjamin Button”, infundirá los peores temores en el Clan Vulturi, un antiguo linaje de vampiros medievales que teme que la niña se transforme en una amenaza para la especie de inmortales. Esta niña mestiza, hija de vampiro con una mortal carga, con la sospecha que se trata de otra “niña inmortal” que ya en eras pasadas supieron destruir sus propias familias y pueblos, por lo que decidirán, sin más, con todo un ejército de vampiros, ir en su búsqueda para acabar con la misma. Así nomás. Por supuesto que del lado de los buenos se unirán el Clan Cullen, los hombres lobo, y los vampiros buenos venidos de todos lados (hay amazónicos, rusos, árabes, irlandeses....). Luego de algunas decapitaciones (curioso: sin derramamiento de sangre alguna) la batalla final se presentará como el enfrenamiento final... que no será tal. Tal vez decepcionando a quienes quieran ver un poco más de violencia, luchas y sangre, pero no nos olvidemos que la escritora Stephanie Meyer -aparte de convertirse en multimillonaria con esta obra- es mormona a ultranza, por lo que se obvian las escenas de sexo o de violencia que no sean absolutamente necesarias (para la trama, claro). Como dijéramos en anteriores versiones de esta saga, hay una sobredosis de chicos musculosos inflados de anabólicos, chicas casi sin busto pero muy maquilladas, con efectos especiales que parecen hechos defectuosos adrede, sin sangre casi (algo así como un western sin tiros). Por lo demás, las fanáticas -y fanáticos- de esta historia fotografiada en tono gris-azulado, con escenas semi-románticas musicalizadas como una FM, disfrutarán al máximo esta segunda parte de la cuarta parte de las seis partes de la saga ¿se entendió, no? Estimada/o fan crepuscular: permítame sugerirle quedarse en la sala hasta que finalicen los títulos finales.
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