Por Redacción
Esta noche, a partir de las 21, se repone una pieza de Orlando Pérez Manassero titulada Andoma a fé la Mérica (Vamos a hacer la América) en la sala de la Sociedad Italiana Centro Cultural Municipal -Pueyrredón 262-. El valor de la entrada general fue fijado en $ 10.
Se trata de la última obra que estrenó la compañía teatral Avanti Piemontèis, de la Escuela de lengua piemontesa Scòla Parloma Piemontéis de la Asociación Cultural Piemontesa de Rafaela. El grupo cuenta con la dirección de Norma Brarda de Bruno, quien tuvo a su cargo también la traducción al piamontés.
La pieza fue estrenada, con especial repercusión en el pasado mes de junio y se trata de una obra teatral, en cuatro actos, que se inicia con el arribo de los inmigrantes, con sus alforjas llenas de dudas y miedos, poco dinero y desgastadas ropas. Arrastrando un baúl cargado de angustias y colmado de tristezas por todo lo que dejaban en Europa, pero también atiborrado de papeles, imágenes y recuerdos de un tiempo que fue. En sus corazones depositaron toda la voluntad de trabajar que poseían y en sus mentes la férrea ilusión de hacer la América. Y partieron. Fueron más de treinta días en un barco, cada uno con esa latente y tenaz incertidumbre rondando sus pensamientos, la de no saber con certeza qué iban a encontrar en esa mezcla de fábula y realidad llamada América. Ante sus asombrados ojos desfilaron ciudades tan grandes como nunca habían imaginado: Génova, Rio de Janeiro, Buenos Aires. Después, su largo peregrinar los fue llevando por ciudades y pueblos cada vez más pequeños Rosario, Santa Fe, Esperanza, Pilar, Susana, hasta llegar a una aldea de diez ranchos dispersos en torno a una capilla, un lugar que ni pueblo era, apenas una colonia... Colonia Rafaela.
Pero no era ese el final de su camino. Marcharon más allá todavía, hasta donde la estaca les marcaba su destino. Aquí -les dijeron- está la tierra que buscan, la tierra que, Dios mediante, puede ser de ustedes por la gracia del arado y las semillas. Y del trabajo. Era un pedazo de pampa criolla lo que recibían para que, a fuerza de sudor y lágrimas, ellos, los inmigrantes, construyeran allí su nuevo mundo. Con otro lenguaje, con otra mentalidad, nació entonces la otra pampa... la pampa de los colonos... la misma a la que el poeta dio en llamar pampa gringa.
En el segundo acto se recrea la labor de los inmigrantes. En el año 1910 los colonos ya estaban habituados a los trabajos agrícolas en estas tierras. Los métodos de labor eran diferentes de los que acostumbraban hacer en Europa, pero su instinto les había dictado cómo debían sembrar de este lado del planeta para lograr "hacer la América" con exitosas cosechas. La propia tierra, el clima, las plagas y hasta los gobernantes criollos pusieron a prueba la tenacidad de los "gringos" para llevar adelante esa empresa y muy pronto cayeron en la cuenta de que se tenían que hacer "argentinos" a la fuerza para lograr tal meta. Era inevitable que, en algún momento, el recuerdo de la vieja patria volviese a sus mentes y surgieran las comparaciones de aquello que hacían allá con respecto a lo que se debía hacer aquí.
La historia prosigue en un tercer acto, en el que se ponen de relieve los detalles de progreso.
Se llega a 1920. La gran guerra ha quedado atrás. Europa necesita, primero, saciar su hambre, luego reconstruir su mundo y divertirse. Comienzan los años locos pero, en Argentina, la gente de los campos sólo piensa en trabajar y producir los cereales para aquellos, los de allende el mar, que pagan con oro esos vitales granos. Trabajan utilizando todos los medios disponibles -que no son muchos- a la sombra de viejos métodos y con las mismas herramientas heredadas de abuelos y padres piamonteses. Porque ellos, en la soledad de sus campos, desconocen los avances tecnológicos que, al cesar la guerra, se han puesto a disposición de la humanidad. Son entonces los jóvenes, dueños de una más abierta mentalidad -aunque no bien desarrollada todavía por la falta de una educación adecuada- quienes captan parte de ese naciente progreso y tratan de acercarlo a su mundo. La resistencia y el choque entre ambas generaciones es inevitable.
El cuarto acto se desenvuelve en el almacén de ramos generales. La historia transcurre en 1922 y Rafaela, joven ciudad, es el centro comercial de la zona donde los chacareros -los domingos principalmente- se arriman con sus familias para satisfacer las necesidades espirituales concurriendo a la misa matutina, y también a adquirir las terrenales necesidades que demanda la vida, con una buena provista de alimentos, vino, ropa o herramientas suficientes para todo un mes en la soledad del campo. El negocio más grande de la ciudad, frente mismo a la plaza, es el de los Grandes Almacenes de Ramos Generales de don Faustino Ripamonti, el que tiene en su frente principal una recova en donde se sirven generosas y gratuitas picadas de queso y chorizo regadas con buen vino, a aquellos clientes que se acercaban al local. En ese lugar y dentro del establecimiento se produce entonces el intercambio, entre los mayores, de las noticias de Italia, del país y de la zona, pero también es oportunidad de encuentro de los jóvenes campesinos y los de la nueva ciudad, estos con otras intenciones. La lengua piamontesa es el medio de comunicación habitual y hasta los criollos deben adaptarse a esa costumbre pese a que les cueste admitirlo.
La escena final es una conclusión aportada por "la nonna", quien recreando los sucesos aporta una síntesis de la trayectoria seguida en esta nueva patria.
EL ELENCO
Tienen la responsabilidad de dar vida a esta historia teatral Carlos Ferrero, Margarita de Fioramonti, Norma Brarda de Bruno, Vilma Serminati de Bosio, Orlando Pérez Manassero, Henedina Urso de Castillo, Ricardo Blua, Carlos Buffa, Luis Peretti, Marta María Prunetto, Luis Blúa, María Ester Dezzani, Ceferino Turino, Magdalena Pinotti de Costa, Liliana Canavese de Olivier y Gladys de Guglielmone.
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