Por Emilio Grande (h.)
En medio del carnaval, la noticia que deslumbró al mundo fue la renuncia del papa Benedicto XVI, argumentando que ya no tenía “más fuerzas” para conducir a la Iglesia Católica, teniendo repercusiones no solamente para los 1.200 millones de católicos sino también para las autoridades seculares y la gente no creyente.
Esta decisión la había preanunciado en una entrevista realizada por el periodista alemán Peter Seewald publicada en un libro en 2010 y en los últimos días ya tenían conocimiento sus estrechos colaboradores y su hermano Georg.
A manera de legado, visitó 22 países en casi 8 años de papado, participando unos 20 millones de personas en los encuentros con el Papa alemán. Publicó 4 exhortaciones apostólicas, 3 encíclicas, 116 constituciones apostólicas, 95 cartas, 5 libros y canonizó a 52 santos.
No es la primera vez que ocurre una situación similar de dimisión sino que en la historia de la Iglesia hubo ya cuatro renuncias anteriores, la última producida hace casi 600 años: Gregorio XII en 1415, los anteriores fueron Benedicto IX (1032-44), Gregorio VI (1044-46) y Celestino V quien dimitió en 1294.
Le tocó bailar con la más renga: suceder a uno de los pontificados más largo de la historia y ante un Papa mediático, me refiero a Juan Pablo II, quien -a diferencia de Ratzinger- optó por morir muy agotado y sin fuerzas hasta el último día de su vida como Papa.
El 28 de febrero Benedicto renunciará formalmente, primero se recluirá en Castelgandolfo y luego en un convento de clausura para rezar, leer y escribir, las grandes pasiones de su vida como teólogo y docente.
El cónclave de cardenales se realizará a mediados de marzo, estando habilitados como electores 117 cardenales (en total son 183 de los cuales Benedicto designó a 90 frente a los 125 en el papado de Juan Pablo II) de todos los continentes con hasta 80 años de edad, participando Argentina con Jorge Bergoglio -arzobispo de Buenos Aires- y Leonardo Sandri -prefecto de la Congregación para las Iglesias Orientales y consejero de la Comisión Pontificia para América Latina, radicado en Roma-, habiendo un tercero Estanislao Karlic, quien superó esa edad, vive en el seminario de la ciudad de Paraná y ya viajó a Italia.
Ciertamente, se trata de una elección de hombres para designar al nuevo Papa en un proceso de secreto sepulcral, más allá de las especulaciones periodísticas, sumado a la acción silenciosa del Espíritu Santo que ya está obrando entre los electores.
Un elemento paradigmático es que el continente americano tiene más obispos (1.762) frente a Europa (1.511) y vive el 42% del total de fieles, pero América tiene el 50% de cardenales (en total 49) respecto a Europa (95) con lo cual el viejo continente tiene más chances de votar por su candidato como los últimos seis papas (Pio XII, Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo I, Juan Pablo II y Benedicto XVI).
Entre las reformas pendientes dentro de la Iglesia, ¿cómo se explica esta desproporción de una injusta distribución de cardenales según el criterio de cantidad de creyentes por continente?
Algunos consideraban a Benedicto como un conservador de la ortodoxia y retoma la tradición de casi 6 siglos, otros observan esta decisión como un desapego de humildad al poder temporal, lo concreto es un gesto lúcido y valiente para no aferrarse al papado -una lección para presidentes del mundo- y tendremos en vísperas a la Pascua de resurrección un nuevo Papa que debe responder a los nuevos tiempos y desafíos para afrontar los problemas internos como las intrigas de poder, la pedofilia, la crisis sacerdotal, el celibato -en la Iglesia oriental es optativo-, los casados vueltos a casar, entre otros, en el contexto de la nueva evangelización y el año de la fe.
En el medio aparecieron las denuncias que hizo el propio Benedicto en los últimos días: “hipocresía religiosa”, el “rostro desfigurado de la Iglesia” por culpa de las “divisiones en el cuerpo eclesial” para superar “individualidades y rivalidades”, en el marco del reciente inicio de la Cuaresma, tiempo de penitencia, ayuno y oración.
No es tarea sencilla, pero en el Evangelio Jesús afirma otra vez: "no hay nada que no debe ser revelado"…
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