Por José María Flores
Se llamaba Oscar Lionel, pero lo conocíamos como "Cacho" Giura. Falleció el 5 de abril de este año cuando contaba con 84 primaveras. Nacido en Alberdi (provincia de Buenos Aires), de profesión agrónomo. Su niñez transcurrió en Rufino.
Cursó algunos grados en la escuela primaria nada menos que con Amadeo Carrizo, una leyenda del fútbol mundial. Respiraba tango. Fue dueño de una discoteca impresionante con cintas, CD, videos, libros que sustentaban en la charla cotidiana su gran conocimiento en tangos.
Además (y como faceta poco conocida de Cacho) tenía una colección de fotografías de boxeadores de su época, habiendo sido un asiduo espectador en el viejo y desaparecido estadio norte de Rosario.
Para que el lector tenga una idea de su pasión por el tango, sólo de "La Cumparsita" tenía más de 100 versiones, siendo la grabada por la orquesta de Alfredo de Angelis, la que más apreciaba.
Me hablaba siempre de lugares emblemáticos para el tango en Buenos Aires como el Tango bar, Tibidago, el Marzotto, el Nacional, Tabarís, café Los Angelitos, Caño 14, entre otros. En el Chantecler de la calle Paraná (entre Corrientes y Lavalle), espacio porteño donde Juan D`Arienzo y su orquesta actuaron durante muchos años, tenía como amigo al presentador de ese lugar de espectáculos tangueros el famoso Príncipe Cubano.
Hace años me había recomendado una tanguería en Pompeya que se llamaba El Chino. Cuando fui al lugar me preguntaron por Cacho Giura. Sentía mucho aprecio por Lolo Bauducco, quien junto a los que gustamos del tango recurríamos a Cacho Giura para consultarle las dudas dentro del universo del tango.
Su oído musical privilegiado le permitía identificar al escuchar un tango, quién era el cantor, la orquesta con sus integrantes, etc. Cada vez que asistí a un espectáculo de tango, estaba Cacho sentado en primera fila, prestando mucha atención. ¿Quién no lo recuerda con su portafolio negro, recorriendo librerías y disquerías, buscando "su música"?
Como anécdota les cuento una linda. Una vez le dije: "Cacho usted mucho tango, pero sin embargo lo vi bailar tarantelas con su esposa Beatriz allá en La Boca, en Zingarella". Me confesó como un maestro: "mirá en la vida hay que ver todo y escuchar, única forma de aprender", agregando: "y dígame mocito, usted ¿qué andaba haciendo por allá?"
Cacho bailaba muy bien, lo recuerdo en milongas de verano con su esposa Beatriz y luciendo traje blanco con zapatos combinados. Quizás la muerte de su esposa fallecida cuatro meses antes de su deceso le hizo insoportable el paso de los días. Entiendo que no debió ser fácil asimilar ese gran dolor después de 70 años de amor conyugal, a pesar de que siempre a su lado pudo contar con Fernando su único hijo.
En el último tramo de su vida terrenal y cuando se refería a la muerte también lo hacía desde el tango diciendo: "no estoy lejos de pasar al olvido"... De ahí esta síntesis para el recuerdo de Cacho.
Los comentarios de este artículo se encuentran deshabilitados.