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Información General Miércoles 7 de Septiembre de 2011

Recordaron a Zazpe

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Redacción

Por Redacción

BUENOS AIRES, 11 (AICA). - El sábado 3 de setiembre fue recordado monseñor Vicente Zazpe, quien fue primer obispo de Rafaela, arzobispo de Santa Fe y vicepresidente de la Conferencia Episcopal Argentina, al cumplirse 50 años de su consagración episcopal.

El periodista José Ignacio López fue uno de los organizadores del acto y leyó distintas adhesiones.

El confesionario de la parroquia Santa Rosa de Lima donde hace años confesaba era un vivo recuerdo del apostolado que hizo a través del sacramento de la reconciliación. Estaba iluminado, con un cirio encendido y una estola, y al costado, impreso, un mensaje que dio a los jóvenes. Varios recordaban las largas colas que hacían los jóvenes de la Acción Católica, a veces hasta la madrugada, para confesarse con él.

Monseñor Jorge Casaretto, obispo de San Isidro y tercer obispo de Rafaela, presidió la misa concelebrada por monseñor Horacio Benites Astoul, obispo titular de Lamzella, y ocho sacerdotes.

El prelado sanisidrense expresó su alegría por dar gracias por el testimonio de vida de monseñor Zazpe. Dijo que su primer recuerdo era de cuando era muy joven, en un momento muy difícil, de la quema de iglesias y persecución a la Iglesia. Dijo que en plena juventud, él y otros estaban muy nerviosos, viendo a la Iglesia atacada. Y recuerda profundamente cómo monseñor Zazpe les habló de la necesidad del perdón, del encuentro, de la comunión “con aquellos que en aquel momento se enfrentaban con nosotros”.

Lo recordó luego especialmente cuando le tocó a él sucederlo como obispo de Rafaela, y contó que viajaba con frecuencia a Santa Fe, para conversar y coordinar líneas pastorales en un contexto muy complejo. Dijo que monseñor Zazpe había estado en el Concilio Vaticano II y tenía su bagaje incorporado a su vida. Señaló su aporte con obispos renovadores y que se generaron ciertos conflictos o problemas internos, en los que monseñor Zazpe siempre privilegió la comunión eclesial. Invitaba a ser muy francos y a respetar todas las posiciones legítimas. Lo recordó como un hombre inquieto, de gran inteligencia, brillante, que era un maestro de oración. Entendía que sólo la oración nos hará humildes, conscientes de que todo lo hemos recibido de Dios y a El hay que darle gracias.

Señaló luego su obsesión por la comunión eclesial, por construir la comunidad, por la unidad de la Iglesia.

Y subrayó su opción por los pobres, siempre al lado de las víctimas de la violencia, no de los violentos. Su posición de optar por los pobres y alejarse de toda violencia le costó muchas lágrimas, muchos dolores de cabeza, dijo. Se vio cuestionado por grupos progresistas que habían hecho opciones violentas. Pertenecía a los obispos que seguían creyendo en el valor de la democracia, dijo. Y marcó su constante y valiente prédica en contra del terrorismo de Estado.

Destacó su cercanía, su amistad, y animó a seguir su ejemplo, a buscar la comunión desde la diversidad, a confesar a Jesucristo, en una Iglesia fraterna, en un país en que no nos veamos como enemigos buscando constantemente la confrontación, sino como hermanos.

Al concluir el oficio, José Ignacio López recordó que a la misma hora se oficiaba una misa en Santa Fe y leyó mensajes enviados por el cardenal Estanislao Karlic, arzobispo emérito de Paraná; por monseñor Luis Villalba, administrador apostólico de Tucumán, y por monseñor Domingo Castagna, arzobispo emérito de Corrientes, quien fue secretario de monseñor Zazpe.

Luego, en una amable reunión en la cripta, se proyectó un video y lo recordaron quienes lo conocieron en la parroquia de Santa Rosa, entre otros, monseñor Benites Astoul y el presbítero Domingo Bresci, quien memoró que a los 14 años, cuando muchos jóvenes hacían cola para confesarse, Zazpe le preguntó: “¿Te gustaría ser sacerdote?” Dijo que su formación era en la doctrina del Concilio de Trento y que puso mucha grandeza, generosidad, para asimilar la impronta del Concilio Vaticano II. Y que sufría cuando veía signos de desunión, su obsesión era la unidad de la Iglesia.

También recordó cuando en una reunión de pastoral latinoamericana en Riobamba, Ecuador, en 1976, fue detenido unos días, al igual que otros obispos, por elementos de las Fuerzas Armadas. El mismo hecho fue recordado por un participante de aquella reunión, Adolfo Pérez Esquivel, premio Nobel de la Paz, quien envió una carta contando aquel episodio. Expresó que estando sentados juntos, habiendo sido presos, monseñor Zazpe reflexionó: “Si a nosotros nos pasa esto ¿qué es lo que no les pasará a estos pobres indígenas y campesinos?”

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