Por Redacción
BUENOS AIRES, 6 (NA). - Con el nacimiento de las ciencias del magnetismo y de la electricidad, se logra uno de los descubrimientos más valiosos: los rayos equis.
Al igual que muchos avances de la ciencia, a los rayos equis se llegó de una manera casual. Las radiaciones atravesaron todos los obstáculos como por arte de magia, aunque en principio no se tuvo idea cierta de la invención.
Las bases que llevaron al descubrimiento de los rayos X datan del siglo XVII cuando nacieron las ciencias del magnetismo y de la electricidad.
En 1785 Guillermo Morgan, miembro de la Royal Society de Londres, presentó ante esta sociedad una comunicación en la cual describe los experimentos que había hecho sobre fenómenos producidos por una descarga eléctrica en el interior de un tubo de vidrio.
Dice que cuando no hay aire y el vacío es lo más perfecto posible, no puede pasar ninguna descarga eléctrica, pero al entrar una muy pequeña cantidad de aire, el vidrio brilla con un color verde, Morgan sin saberlo, había producido rayos X y su sencillo aparato representaba el primer tubo de rayos X.
Las manos de la señora Roentgen no tenían nada en especial, y sin embargo se convirtieron en las más famosas de la historia de la ciencia.
Todo gracias a que en 1895, a su esposo Wilhelm Conrad Roentgen, se le ocurrió practicar en ellas un audaz experimento.
Las expuso durante largo tiempo a la radiación de un tubo de crookes y colocó debajo una placa de fotografía. El resultado fue la primera radiografía de la historia.
Suele decirse que el descubrimiento de los rayos X, como otros muchos avances de la ciencia se produjeron de manera casual y en cierto modo es así. Roentgen estudiaba el comportamiento de los electrones emitidos por un tubo de crookes, especie de ampolla de cristal cerrada casi totalmente al vacío que produce una serie de relámpagos violáceos.
Un día descubrió que estos destellos eran capaces de iluminar unos frascos de sales de baio colocados en el mismo laboratorio. Lo extraordinario era que el tubo estaba envuelto en papel negro y entre él y los frascos había varias planchas de madera y unos gruesos libros.
Aquellas radiaciones habían atravesado todos los obstáculos como por arte de magia. Así decidió patentar su revolucionario invento, los rayos X. Por cierto él no tenía idea de la naturaleza exacta de lo que acababa de descubrir.
Al primitivo tubo de crookes luego se le sustituyó el llamado tubo de coolidge en el que el vacío es total. Dentro de él los electrones liberados por un cátodo golpean contra un obstáculo que puede ser una placa de tungsteno y producen una temperatura de varios millones de grados, además de la radiación.
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