Por Redacción
"Aún no recuerdo bien por qué, una mañana me encontré en medio de un camino exhausto de tanto correr la noche anterior. Sin rumbo y echado a mi suerte seguí hasta acercarme a una vieja casa rodeada de árboles.
Miradas ajenas me observaban y se alejaban como temiendo mi presencia. No sé cuánto tiempo pasó, tenía mucho miedo, hambre, sed y un objetivo; mover la cola para que me llevaran de regreso a mi casa.
Un par de horas después al fin llegó alguien a buscarme. No eran mis papás humanos, eran señores con un gran lazo y un bozal. Atiné a obedecer porque pronto vería a mi familia, pero sólo llegué hasta un lugar donde muchos perros ladraban, se pegaban desesperados a los tejidos y tenían sus miradas lejos y tristes….¡Y mi familia no estaba!.
Pasó un tiempo y la esperanza de volver a mi casa, se iba apagando entre barrotes y cemento con un rayito de sol que día a día se filtraba por una hendija como recordándome que afuera había vida y que una vez aunque muy poco disfrute de ella.
Algunas manos para tirar comida, otras para mostrarme que tenía que “respetarlos”… ¿Cómo podía yo explicarles que nunca los agrediría?, que sólo me escondía en un rincón si eso era suficiente.
Un día me abrieron la puerta y vi la luz… y una enorme cadena. Ya no era el mismo que fui, aunque intenté escapar no pude. Debilidad y miedo, miedo otra vez, rodeado de perros que gruñían. Apenas pude comprender que estaba en el terreno de “otros” y no me aceptaban.
Con varios mordiscos y mucho dolor entregué mi cuello tumbado en el suelo a un perro como yo, en señal de derrota, y mientras esos señores miraban de lejos con mi último suspiro le pregunté a mi agresor, ¿Por qué me atacaban si yo era como ellos? A lo que me respondió que se trataba de ganar una pelea como trato para seguir viviendo y así sin más me soltó, firmando así su sentencia. También ya no serviría para esos propósitos.
Me encontré tendido en el suelo y sin manejar mi dolor. Por primera vez apreté mis colmillos. Mis heridas eran grandes y mi cansancio también, sólo sentí muchos pasos y un fuerte pinchazo y sin más me dormí, no pude luchar más.
Sólo espero que desde el lugar donde escribo esta carta, alguien la lea y recapacite. No somos malos los que tenemos esta raza, u otras o ninguna. No somos malos, sólo inocentes. Sólo hay humanos equivocados. Ojalá algún día desde este lugar vea llegar a mis amigos de viejitos, sino mi muerte habrá sido en vano".
Los comentarios de este artículo se encuentran deshabilitados.