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Información General Sábado 3 de Diciembre de 2011

¿Qué entendemos acerca de los “monstruos” y los mitos?

Punto T/ La Máscara estrenó el infantil “Monstruos al teatro", inspirados en relatos de la mitología griega. Aquí algunas apreciaciones para los adultos. Esta obra se repone hoy a las 19.

María Florencia Forni

Por María Florencia Forni

El domingo 20 de noviembre pasado, Punto T/ La Máscara estrenó su última producción, “Monstruos al teatro", con textos de Graciela Repún y Patricia Suárez, y bajo la dirección general de Marcelo Allasino. La obra se repone esta tarde a las 19 horas.

Se trata de un espectáculo infantil que incluye cuatro historias inspiradas en personajes y relatos de la mitología griega. “Una mirada que intenta reivindicar a históricos monstruos y villanos presentándolos como seres amigables”, anticipan los creadores, quienes apelan a todos los recursos artísticos del hecho teatral para hacernos sentir parte de las aventuras.

Los textos pertenecen a un libro homónimo de las autoras (excepto uno que fue incorporado después) y remiten a los relatos de la mitología griega, pero a diferencia de aquellas, a los personajes no los muestran como villanos sino como seres queribles.

En “La Esfinge que no finge”, la enigmática figura que sometía a los ciudadanos de Tebas a interrogantes indescifrables, aparece como una poeta en busca de rimas.

En “Narciso el modesto”, al famoso efebo enamorado de su imagen se lo ve en conflicto con una ninfa que se ha quedado sin voz por chismosa.

En “Doña Luna enamorada” se plantea “la aparente” imposible historia de amor entre una diosa inmortal y un humilde pastorcito de ovejas.

En “Teseo, Teseo, ¡qué laberinto más feo!”, el héroe se deja orientar por Ariadna para vencer al Minotauro (que en esta pieza aparece como un ser encantador), mientras Dédalo e Icaro salen del laberinto inventando el paracaídas. Finalmente, es Tiresias, el viejo visionario, quien conduce el relato.

Si bien estas historias nacen de la literatura antigua, las autoras del libro emplean un lenguaje “adaptado” a los chicos, y del mismo modo, el grupo de La Máscara las traduce (adapta) para representarlas en el teatro.

Para ello, el equipo se vale de todos los elementos que generan sentido en una obra teatral: la música, la escenografía, las animaciones, la iluminación, el vestuario. En su totalidad, construyen un espectáculo lleno de magia que intenta despertar la imaginación de chicos y grandes (imaginación que vaya uno a saber para donde se dispara).

Como sucede en sus obras anteriores, la gente de La Máscara, bajo la mirada de Marcelo Allasino, emplea artística y cuidadosamente todos estos elementos, logrando que muchos espectadores nos sintamos “dentro de las historias”. Que el público abandone el rol pasivo parece ser uno de los pilares de esta compañía que tanto ha crecido en los últimos años.

En el caso de la música, Fernando Abratte compuso la banda sonora apelando a diferentes géneros y ritmos, consiguiendo que este elemento no sólo acompañe las distintas situaciones, sino que sea una herramienta fundamental para involucrarnos y disfrutar el momento.

Los actores de La Máscara también se animan a cantar y, algunos más que otros, se atreven a explotar “al mango” el niño que llevan dentro.

Una consideración destacada merecen las animaciones (por Váscolo/ Beto Bellezze) proyectadas en una pantalla del fondo. Los dibujos, calados a mano de papel, por Lucila Biscione, recrean el paisaje de cada una de las historias. En un contexto saturado de imágenes (en la vía pública, en la TV, en las computadoras, en nuestras casas) la austeridad de estos dibujos nos habla de la importancia de saber percibir en el detalle, en la sutileza o en el gesto mínimo, la belleza más genuina.


LAS PREGUNTAS

Como toda obra cuidadosamente planteada, “Monstruos al teatro” por Punto T/ La Máscara despierta preguntas: ¿Cuántos narcisos enamorados de su imagen existen en nuestras sociedades? ¿Y cuántos viven pendientes de ellos alimentando falsos espejismos? ¿Cuánta gente chusma sigue mirando a través de las ventanas, inventando historias ajenas por animarse a vivir la propia?

¿Y cuántas personas “desorientadas” andan dando vuelta por el mundo? ¿Podría suceder que como Dédalo e Icaro en su aparente desorientación descubran nuevos inventos?


SIN MIEDO

Una de las intenciones de los artistas de Punto T/ La Máscara sería la de despertar reflexiones acerca de lo “monstruoso”, haciéndonos ver qué tan horrible es nuestro comportamiento cuando no comprendemos al otro, cuando excluimos. Y he ahí un aspecto que quisiera destacar, porque ese modo de concebir lo “monstruoso” se entendería desde el punto de vista de los adultos, más atravesado por prejuicios, modelos y estereotipos culturales.

¿Qué piensan los chicos de los bichos, los fantasmas, los villanos? Pensemos juntos: ¿qué hacen los niños con las cucarachas mientras los grandes se obsesionan con eliminarlas? Si por la calle un adulto y un niño se encontrasen con un jorobado: ¿cuál de los dos se acercaría y cuál cambiaría de rumbo para evitar verlo de cerca?

Entonces, ¿quiénes somos los temerosos? ¿Vale la pena tanto miedo?, ¿Tanto prejuicio?

Tengo la sensación que quien no acepta al otro es el que quien aún no ha logrado comprenderse y aceptarse a sí mismo; ver más allá de las apariencias, ver con todos los sentidos. Y los chicos, que se manejan más por intuición que por entendimiento, se ríen del mundo de los grandes.

Si me preguntasen qué comprenden de los mitos los niños que asisten al teatro, redoblo la apuesta: ¿Qué entendemos los adultos de sus juegos, y que comprendemos de aquellos misterios de la vida que desde hace siglos los mitos intentan, y aún no logran, explicar?

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