Por Antonio Fassi
Menudo título para estimular nuestra existencia. Pero no se espante que usted seguirá pensando lo que quiera y quizás, tal vez, ya no haciendo lo que se le antoje.
El hilo de la cuestión del tema estriba en el intelecto, parte pensante del ser humano. No somos filósofos ni pretendemos serlo, apenas simples pensadores en busca del camino de la verdad, pero queremos expresar nuestra humilde reflexión sobre el particular.
Prisioneros somos de nuestros propios pensamientos nuestros, aquellos que llegan aceleradamente a nuestra mente en forma constante durante las horas de vigilia. Según el biólogo argentino Estanislao Barchdach cuyos estudios en la Universidad de Montpellier (Francia) y Harvard (EE.UU.) aseguran integral credibilidad, cita que son 65.000 las ideas que circulan diariamente por el cerebro humano, las cuales debemos inspeccionar, examinar, y dar cabida a las que luego llevaremos a la práctica, porque aquí comienza a tomar forma el título del tema en cuestión, pues si esa idea que toleramos permanece en nuestra mente, comenzará a germinar y con el tiempo será la que marcará nuestro derrotero de allí en más.
Si el concepto es bueno, nos ayudará a vivir mejor, a ser personas útiles a la convivencia pacífica y bienhechora con la cual nos tocará compartir. Pero si la idea que dimos cabida es contraproducente al bien, entonces el resultado nos será totalmente adverso y tarde o temprano pagaremos cara nuestra prisión, pues el robo, la maldad, la mentira, el engaño serán las celdas que aprisionarán nuestro padecimiento y nuestro dolor.
Y con esta justicia no se juega, ni se compra, ni perdona. Si usted cometió delito o transgredió el derecho ajeno, deberá pagar la falta o el desliz. ¿Qué prefiere, la prisión honrada y honesta o el calvario de un penal correccional? Puede elegir los pensamientos que quiera, tiene 65.000 opciones por día. Y esto cuenta para todos, desde el Presidente de la Nación hasta el más humilde de los servidores, nadie queda exento de estas prisiones; todos estamos involucrados y tarde o temprano pagamos nuestras deudas en base a nuestras buenas o malas acciones.
Prisioneros somos, pero podemos elegir entre las espinosas sendas de las perversidades y el mal vivir o los agradables caminos de la conciencia limpia y el deber cumplido. Usted es el dueño, elija su propia cárcel.
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