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Información General Lunes 24 de Enero de 2011

Prisionera de una obsesión

Mata Hari

Redacción

Por Redacción


(Por Ana María Vottero). - No soy francesa. Tengo derecho a tener amigos en otros países, incluso en aquellos que están en guerra con Francia. Soy neutral. Confío en la bondad de vuestros corazones y en la Justicia”. Estas frases las pronuncia Mata Hari frente a la corte marcial de París, el 24 de julio de 1917. Los jueces se retiran a deliberar. Regresan 10 minutos después con el veredicto que haría, legendaria, a la mujer que se atrevió a inventar su propia existencia… El tortuoso camino que la conduce al juicio que inicia 41 años antes en Leeuwarden, una aldea al norte de Holanda. Allí nace como Margaretha Geertruida en el seno de una familia humilde, pero  ambiciosa. Sueñan que su hija posea un futuro brillante, próspero, por lo dicho, quieren que se eduque de la mejor manera, en un colegio de monjas, que apenas pueden costear. La joven, harta de un estilo de vida tan convencional, huye a La Haya en busca de otras alternativas para conseguir el mismo objetivo que desean sus progenitores. Halla un anuncio en el periódico local que la impulsa a creer que su gran oportunidad se encuentra al alcance de las manos. Amigo lector, paso a transcribirle el texto, luego, saque Ud. las conclusiones que le parezcan adecuadas a la personalidad de la protagonista de nuestra historia. Dice así: “Oficial destinado a las Indias Orientales Holandesas trata de contactarse con señorita de buen carácter con fines matrimoniales”. Margaretha que siente una atracción fatal por los uniformes, decide no perder esta ocasión y concertan una cita en Amsterdam, ,además – conviene recordar- que ella nunca se cansa de afirmar: “Amo a los militares. Los he amado siempre. Prefiero ser la amante de un oficial pobre que de un banquero rico”. La boda se concreta a la velocidad del sonido, ya que la ardiente pasión que enciende a la pareja termina en embarazo. Muy pronto-cuando están instalados en la isla de Java- el romance se convierte en una pesadilla. Mac Leod es aficionado a la bebida, a las infidelidades y… a golpear a su esposa. Al morir el hijo, en extrañas circunstancias-comentan que ha sido envenenado por un sirviente al que Mac Leod maltrataba- Margaretha toma sus bártulos. Se esfuma sin aviso. Cambia de identidad… y reaparece en París transformada en una bailarina exótica, procedente de la mítica India…
PASAPORTE A LA FAMA
Bella, esbelta, de piel trigueña, ojos oscuros y cabellos largos de un negro azulado (nada hace intuir su origen holandés), su “tipo” encaja muy bien con el rol que pretende encarnar: la de danzarina oriental. A causa de una imaginación exacerbada por la falta de fondos, difunde una biografía que ella construye a su medida. Narra que su madre era bailarina del templo de Kanda Swany. Que fallece a los 14 años -el día de su nacimiento- Que los sacerdotes la adoptan. La consagran al dios Siva. Que la llaman Mata Hari, traducido: “Pupilas de la aurora” o si Ud. los prefiere, también significa “Ojos del Alba”. El proyecto de hacer que los demás acepten sin reparos su recién inaugurada identidad, resulta perfecto. Debuta en París, con un éxito apabullante. Basta con leer los titulares del periódico La Presse (marzo de 1905) para confirmar que los parisinos quedan fascinados: “MATA HARI es Absaras, hermana de las ninfas de las ondinas, de la Walkirias, de las náyades, creadas por Indra para someter a los hombres”. ¿Las razones del triunfo de la fabuladora dama? Se presenta ante el público muy ligera de ropas, sus movimientos destilan sensualidad, y la rodea un halo de misterio que ella empeña en fomentar hasta el delirio. ¿Consecuencias? Acumula una legión de admiradores, “protectores” ricos, y suculentos contratos para actuar en las principales capitales de Europa. Sin embargo, de golpe, los astros dejan de serle propicios. ¿Qué sucede? Estalla la Primera Guerra Mundial. Mata Hari, entonces en Berlin, asume que lo más razonable es abandonar el rol de danzarina para desempeñar uno más adecuado a las épocas que se avecinan. La solución al problema se la brinda Kramer, Jefe del Servicio de Espionaje Alemán. ¿Qué? Sí, leyó correctamente. Este señor, convierte a Mata Hari en un agente 007, seguro que se valdrá de sus encantos para arrancar información a los enemigos de turno. No se equivoca, lástima que no tiene en cuenta un detalle: la ahora, espía H-21 es tan codiciosa como inconstante y esas características podrían hacer de ella una ¡bomba de tiempo! Por supuesto este pronóstico se cumple. La agente H-21 resuelve que para que las misiones les sean más provechosas -me refiero a dinero- lo ideal es trabajar en… ambos bandos. No sé si Ud. en este preciso instante piensa que es una desequilibrada mental, una oportunista sin escrúpulos, o una espía arriesgada. Quizá, sea la suma de todo lo expresado…y más aún. Mata Hari se lanza a la aventura igual que un trapecista que vuela por los aires, pero con red, por las dudas. Su labor no le implica dificultades. Posee relaciones en la nobleza, en los círculos más altos de la sociedad y entre los militares, tanto en Francia como en Alemania. Es el momento apropiado para danzar al compás de intrigas, secretos de Estado, y acciones bélicas, y a ella, el hecho de manipular gente y cobrar honorarios elevadísimos por cada una de sus “misiones”, le provoca un enorme placer y una especie de ceguera frente a los peligros a los que se expone.
CONTACTO EN FRANCIA
La agente H-21 se mueve como pez en el agua hasta fines de 1915. Entonces da un paso en falso. ¿Cuál? ¿Dónde? Regresa a París. Hay diversas versiones respecto a este intempestivo viaje. Una afirma que es para recoger las pertenencias que aún tiene embaladas en Villa de Neuilly; otra, que el objetivo es cuidar a un amante ruso malherido, del cual, está locamente enamorada. La cuestión es que nadie conoce las razones de su arribo que –desafortunadamente- coincide con un críptico mensaje enviado por el servicio secreto italiano advirtiendo a sus colegas que “la otrora celebridad teatral ahora habla alemán y su lugar de residencia cambia constantemente”. Por supuesto, la detienen en el acto. Mata Hari niega con vehemencia tal acusación: la de ser una “probable” espía, y para demostrar su agradecimiento por la acogida que recibió antaño en ese país, pide que la reciba el capitán Ladoux, a quien sabe al frente del Servicio de Contraespionaje Francés y –muy suelta de cuerpo– le ofrece trabajar a sus órdenes (¡Agallas no le faltan a la ex danzarina!) Ladoux desconfía, pero, curiosamente la acepta en su equipo. Sin embargo, la vigila de cerca. Investiga sus movimientos. Opina que una mujer que no puede pasar desapercibida por su belleza y… desparpajo, resultará una pésima agente 007. Igual, le asigna misiones, en la neutral España, en Bélgica… y le tiende una trampa. En 1916, Berlín, llama la atención a dos agregados alemanes que operan en Madrid por pagar “demasiado” la información que recababa el agente H-21. Agregan que deben entregarle un cheque de 5.000 francos que le abonarán en un banco francés. El incriminatorio mandato es interceptado por el Servicio Secreto de Francia.
Mata Hari, apenas pisa suelo parisino se registra en el elegante hotel Plaza-Athénée en la avenida Montaigne. Al día siguiente es arrestada y acusada de ser doble agente. ¿La evidencia hallada que la condena? El citado cheque y un tubo que contiene tinta invisible confiscados en la habitación. “Ojos del alba” explica que la tinta era un desinfectante común que usaba como contraceptivo y que la cifra que atrajo su atención la obtuvo por favores sexuales. Amigo lector, está de acuerdo, que los testimonios no son convincentes, también, resultan ambiguas las causas que la obligan a trasladarse por Europa desde que comienza la Guerra. El castillo de naipes (de mentiras) que ella se empeñó en armar a lo largo de su existencia se desmorona en segundos. ¿Próximo destino? La celda 12 de la prisión de Saint – Lazare.
MI PASADO ME CONDENA
Después de meses de infructuosos interrogatorios en los que la espía sostiene-inquebrantable- su inocencia, se inicia la Corte Marcial en julio de 1917.
Los miembros del tribunal están seguros de su culpabilidad, la multitud que aguarda en las calles el veredicto, anhela la absolución de los cargos que le imputan. Mata Hari admite-únicamente- presenciar maniobras militares en Alemania, Francia e Italia en el papel de invitada de alguno de sus muchos admiradores. Nada más.
¿DONDE ESTÁN LOS QUE LA CONDENAN?
La Corte, ni lerda ni perezosa, asevera haber descifrado una clave basada en notas musicales que ella utilizaba para transmitir secretos al enemigo. A pesar de lo “débil” de las acusaciones, era predecible que el veredicto sería en su contra. Es más, el alto mando francés necesita con urgencia hallar un chivo expiatorio que justificase el fracaso de sus relaciones con el país germano. Mata Hari, víctima ideal de asuntos que llevan 3 años sin resolver, espera cada vez más abatida y nerviosa, una sentencia de muerte que no se concreta de inmediato. Comentan que la única noche en la que dormía bien, era la del sábado porque no había ejecuciones los domingos, el resto de la semana se acostaba sabiendo que al amanecer, un golpe en la puerta, la llevaría -directamente- ante el pelotón de fusilamiento. Si bien el futuro que se vislumbra es sombrío, Mata Hari mantiene intacta la esperanza, que la petición de clemencia elevada al Presidente francés, la liberará de esa situación, lo cual no ocurre: tal demanda es denegada. Conclusión: horas antes del alba del lunes 15 de octubre, la despiertan de un sueño inducido por medicamentos, que ella ruega, le autoricen a tomar. Minutos más tarde, el abogado le comunica que morirá dentro de poco, abatida por las balas… Consciente de su reputación, la mujer de 41 años elige, cuidadosamente, la ropa que portará en el trágico evento. Endosa un vestido gris perla, un gran sombrero de paja, su mejor par de zapatos y un abrigo apoyado en los hombros. Sólo después de calzarse los guantes abandona la celda y sube al vehículo que la conducirá al Château Vincennes, el sitio donde se llevan a cabo las ejecuciones, en las afueras de la Ciudad Luz. El pelotón: 12 hombres alineados sobre los 3 lados de un cuadrado virtual, centran la mira en lo que queda de un árbol sin ramas.
Mata Hari camina con paso firme al lugar indicado. Bebe la copa de ron que se le ofrece a los condenados. Se rehusa a ser atada al tronco y a que cubran su cabeza con una capucha: quiere mirar a los ojos a sus verdugos. Cuando el sol filtra a través de la niebla, se retiran el cura y las monjas que la asistieron. Los soldados se aprestan. El comandante da la orden. Los disparos rompen el pesado silencio. “Ojos del alba” se desploma. Cae al suelo, como si unas tijeras invisibles hubieran cortado los hilos de una marioneta, mitad agente 007, mitad danzarina exótica. Su vida se había apagado, por el contrario, su figura y su existencia adquirían tintes legendarios. Surgen rumores e interrogantes en torno a su fallecimiento. Todos se preguntan ¿qué le hizo sostener aquella excepcional compostura en una instancia tan tremenda? Habría sido el simulacro de una ejecución? ¿Cómo pudo calmarse y lucir bella e imperturbable? Estimado lector-aunque le cueste creerlo- hay una explicación y es la siguiente: Un joven y rico enamorado, Pierre de Morrisac, se las ingenia para sobornar al pelotón. Les pide que suplanten las balas reales, por otras… de salva. La ejecución se convertiría, de esa manera, en una representación teatral semejante al argumento de la opera TOSCA de Puccini, muy en boga por esos tiempos. Igual que en la ópera, falla lo urdido por Morrisac: las armas disparan proyectiles verdaderos, y la víctima -que conoce lo tramado- fallece, sin sospechar siquiera que hubo un cambio de planes. La veracidad de esta historia y de otra que describe Mata Hari, abriendo el abrigo –previo al fusilamiento- para mostrar su cuerpo desnudo a los soldados, resultan imposibles de comprobar, y no tienen demasiada importancia. Ambas anécdotas sólo son parte de la glamorosa biografía de la bella holandesa que alcanza la fama como bailarina oriental y cotizada cortesana, pero, que logra –digamos- la “inmortalidad” al perder la vida acusada de encarnar el rol de la doble agente, de la espía que, tal vez, nunca fue.

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