Por Redacción
Con 17 años y siendo seminarista en la localidad de Esperanza, sede de la Congregación del Verbo Divino, el padre Reinaldo Zbrun conoció algunos detalles de los inicios de la parroquia Sagrado Corazón de Jesús.
Ha expresado sentirse “hijo adoptivo” de la comunidad del Sagrado Corazón de Jesús por ser oriundo de Villa San José y porque su padre, Luis Zbrun, colaboraba en la realización de las kermeses.
A continuación se transcribe textualmente lo expresado por el padre Reinaldo Zbrun en la publicación Nº 86 de la revista “Misiones en el mundo”:
"A 50 años, parroquia Sagrado Corazón de Jesús de Rafaela. Hacemos `memoria´ de esta parroquia como un ejemplo de presencia religiosa misionera en la diócesis.
“Los misioneros del Verbo Divino consideramos que nuestra obligación es proclamar la Palabra de Dios y promover su crecimiento en comunión recíproca y con la Iglesia Universal. En primer lugar y con preferencia, trabajaremos allí donde el Evangelio aún no ha sido predicado o lo ha sido en forma insuficiente y allí donde la Iglesia local no puede valerse por sí misma. Cualesquiera otras tareas que asumamos han de estar orientadas hacia esta finalidad primordial”. Constituciones SVD 102.
"Ya en 1960, poco antes de la creación de la Diócesis de Rafaela, el arzobispo de Santa Fe, se preocupó por los barrios de la periferia oeste de esta ciudad, que luego sería sede diocesana. Ya entonces el capellán del Hospital `Jaime Ferré´ era un verbita alemán, el padre Lorenzo Freese. Este centro de salud albergaba a una población doliente de una gran zona del norte santafesino; además prestaban sus servicios de enfermería las hermanas Siervas del Espíritu Santo. Se originó una comunidad de vecinos que requería atención espiritual y sacramental en la capilla del lugar.Ante el crecimiento poblacional y a la proyección de la urbanización a ambos lados de la ruta nacional 34, se solicita a los misioneros del Verbo Divino, velar por el establecimiento de una futura parroquia. Fueron los padres Antonier Oggier, entonces superior provincial y el padre Ricardo Walter quienes se cercioraron de la necesidad de tal centro pastoral mediante un relevamiento o censo por lo cual caminaron estos barrios, 9 de julio y vecinos, a fines de 1960 y en los primeros meses del año siguiente.
"Al iniciarse la parroquia, el primer responsable administrador será por un año el padre Lorenzo desde el Hospital. Construida ya la casa sobre Bernardo de Irigoyen, y un saloncito de bloques prefabricados, en julio de 1962 se hace cargo el padre Antonio Wagner que será quien acompañe con su dinamismo la organización de la parroquia y la construcción del templo. Para este fin llegó ayuda económica de la congregación, de las instituciones de ayuda alemanas, de los vecinos y de colonias fervorosas cercanas, como Villa San José. La colecta de animales y las Kermeses, estas últimas además fueron originando comunidad, eran los medios de sostén de las obras.
"Además ya existían las capillas de La Dolorosa y luego del barrio Güemes. Y en 1969 se hace cargo el padre Teodoro Grünewalt, acompañado por quien ya estaba, el padre Enrique Lenz. Es el período en que se construye el salón parroquial.
"Ya hacia el año 1980, los primeros pasos estaban dados, y comenzó a “correr” la idea de ser fieles al texto que hemos citado y con el dinamismo de monseñor Jorge Casaretto se dio un incremento de vocaciones en la Diócesis y este obispo aceptó la transferencia de los bienes inmuebles, pero al querer proveer de pastor, el candidato, padre Miguel Athallah, enfermó y falleció sin poder hacerse cargo. Recurrió a los misioneros de San Cayetano que también transitoriamente animaron exitosamente la comunidad, incluso poniendo en marcha el proyecto de Nueva Imagen de Parroquia (NIP), con los padres Victorio Venturín y luego Luis Furlato.
"Y prácticamente la mitad de este período, en tiempos de crecimiento poblacional, y de riqueza pastoral, lo viene orientando directamente el clero diocesano.
"Posterior transferencia a la Diócesis, monseñor Casaretto acompañado por el padre Antonio Braun, último párroco verbita, se trasladó a Europa y entre otros servicios, agradeció personalmente a las instituciones alemanas y a los superiores de la congregación.
"En otras diócesis, y en la zona norte de la misma, posteriormente, se `hizo´ el mismo camino para responder a invitación de otros obispos con requerimientos pastorales de acuerdo a los postulados de las normas congregacionales, en regiones de migraciones y nuevos desafíos.
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