Por Redacción
Por Marlén Wagner. - Diariamente asistimos azorados a la disputa de poder entre distintos medios informativos, tanto radiales, gráficos o televisivos. Claramente nos transmiten dos versiones opuestas de una misma realidad. Mientras para unos estamos viviendo en el “país de las maravillas”, para otros estamos transmitiendo uno de los períodos más decadentes de nuestra historia. Unos resaltan los excelentes indicadores económicos, el crecimiento del PBI, la disminución de la pobreza, la educación universal mientras que los otros destacan el crecimiento de la inseguridad, los aumentos de precios, las trabas internas a las importaciones y los múltiples casos de corrupción que involucran (muchos de ellos) a funcionarios de primera línea, gracias a la intervención de jueces afines al poder que se encargan de exculparlos de toda responsabilidad en delitos por los que un ciudadano común purgaría un largo período en la cárcel.
¿Dos visiones del país? ¿Dos líneas periodísticas distintas? No. Se trata de grupos que corresponden a intereses (muchas veces económicos) distintos. Y ahí surge la disyuntiva del receptor. ¿Qué hacer? ¿A quién creer? A todos y a ninguno. Más que nunca se hace necesario que cada uno de nosotros adopte un espíritu crítico y sepa discernir entre aquello que responde a una realidad palpable, contrastable y lo otro que, en el lenguaje periodístico, se conoce como “pescado podrido”. Lamentablemente, hay cada vez más de esto último.
¿Asistimos a la muerte del periodismo objetivo? No. Afortunadamente quedan muchos periodistas que no responden a estos cánones. Por el contrario, enarbolan la bandera de la verdad y de la transparencia, y no se dejan presionar ni corromper. Estos nuevos dueños de la objetividad existen. No los vamos a encontrar en grandes medios porque no están dispuestos a “tranzar”. Podemos encontrarlos en pequeños medios gráficos regionales o FM locales. Quizás en algún canal de cable del interior, de los pocos que quedaron en pie después de la concentración monopólica de los últimos años.
Estos defensores de la verdad han debido sortear, en algunos casos, la persecución de la “justicia”, que presionó a los dueños de los medios para acallar sus voces.
Sin embargo, no han podido. Su inclaudicable vocación los ha llevado a no darse por vencidos. Siguieron golpeando puertas, muchas permanecieron cerradas, otras se entreabrieron, pero a la menor presión volvieron a cerrarse, pero hubo otras que se abrieron y han dejado que la verdad y la objetividad sigan vivas.
Por estos luchadores, algunos de los cuales nuestra Rafaela cobija en su seno, puedo afirmar que el periodismo independiente no ha muerto. Y esa llama encendida me permite seguir creyendo que no todo está perdido.
La autora es estudiante de 1er. año de la Tecnicatura de Diseño Gráfico de la UCSE DAR. Trabajo práctico sobre columna de opinión para la cátedra "Periodismo" a cargo de Emilio Grande (h.).
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