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Información General Lunes 24 de Octubre de 2011

Peretti: no se ponen colorados

LIBROS Y AUTORES

Hugo Borgna

Por Hugo Borgna

“Colorado Ayacucho”, de Edgardo Peretti, novela, 107 páginas, Karlovich ediciones, impreso en LA OPINION, año 2011.

Leyendo a Peretti se tiene la impresión de que, como a Pirandello, son los personajes los que buscan un autor para que cuente sus historias, ellos tienen una señal tan fuerte que lo deciden así y también quién será el escritor adecuado.

El ambiente en que transcurren los hechos es un sector perfectamente delimitado en calles y lugares del barrio 9 de Julio, específicamente nombrados. Se siente que los sitios indicados son esos y no otros. Por lo demás, los personajes actúan naturalmente, con total despreocupación de lo que se diga de ellos y, sobre todo, no dudan.

¿Estamos predestinados u, obstinadamente, vamos en busca de la tragedia?

Concreto, directo, el estilo definido (al menos, hasta el momento) de Edgardo Peretti apuesta a todo o nada y el resultado es que gana; por la fuerza de la historia, por la coherencia de los personajes, por la manera de conducir el relato. Siempre se está a la espera de que algo grave pase, mediante el recurso de contar desde varios puntos de vista que, en un principio, parecen detalles y nombres tirados al azar, e indicarlo con pistas generales sabiamente ubicadas en medio del relato; luego se comprueba que se unen en un intenso y a veces violento rompecabezas donde una o varias piezas empiezan a estar demás y por lo tanto deben desaparecer, porque todos asumen una posición sin posibilidad de regreso, cosa que es advertida por el lector que, impotente de poder cambiar los hechos, pasa a sentirse definitivamente parte de la historia.

Ningún estilo es totalmente definible con las etiquetas de que se dispone para hacer un análisis literario; el de Peretti se asemeja al del narrador omnisciente que, por eso, puede contar sin necesidad de apoyo o condena a sus criaturas, y genera en los últimos tres o cuatro capítulos un suspenso tal que no puede el lector detenerse en su avance, necesita llegar lo más pronto posible a la última línea, esa que aclara las confusiones intencionalmente puestas en el transcurso del relato.

El uso del diálogo, la descripción de cada lugar (sólo la absolutamente necesaria) y el tono coloquial, están dosificados con conocimiento. No es fácil trabajar el suspenso con buenas artes. Tampoco darle vida a los personajes y hacerlos creíbles sin caer en lugares comunes.

No llega el autor a abusos que le desmerezcan el texto, a pesar de trabajarlo con mucha libertad. Siempre se las compone para conseguir un final sorpresivo.

Queda, por todo lo dicho, hecha la invitación para leer “Colorado Ayacucho” de Edgardo Peretti, quien tampoco tiene por qué sonrojarse. Al fin, sus personajes decidieron solos sus actos.

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