Por María Florencia Forni
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Por María Florencia Forni
Estación Esperanza es un espacio social y cultural autogestionado económica y políticamente que funciona en Rafaela desde 2007, y que este sábado abre las puertas de su nueva sede en Intendente Giménez 950. La cita es a partir de las 21:30 horas para compartir una peña folclórica.
Convencidos de que existen formas alternativas de construir, quienes participan en este proyecto promueven activamente “el acceso libre a la cultura, la autogestión, la comunicación alternativa, el arte, el trabajo independiente y colectivo y la igualdad de derechos”. La amplia respuesta de la gente y los artistas, que encuentran en este sitio mucho más que un refugio cultural, y el apoyo del Concejo Municipal demuestran que este proyecto no sólo es posible, sino necesario.
CONFLICTOS
Y NUEVA CASA
A mediados de este año (julio-agosto), el Centro Estación Esperanza recibió quejas de un grupo de vecinos del barrio Fátima, principalmente por ruidos molestos e incumplimiento de algunas disposiciones de ordenanzas municipales. Sin embargo, cuando el conflicto llegó al Concejo, este aprobó por unanimidad el proyecto que declara de interés a las acciones que se desarrollan en el lugar, destacando su función como "canal de expresión cultural y como espacio de contención y apoyo social para los rafaelinos".
Pese al apoyo de los ediles la propietaria del local decidió no renovar el contrato de alquiler. “En ese momento, de mucha desazón, sentimos que el proyecto no se caía pero peligraba; el grupo tuvo la capacidad de adaptarse. Salimos a buscar y encontramos este galpón. Estaba muy venido abajo, y el grupo fue juntando los materiales para dejarlo apto”, contó a LA OPINIÓN uno de los colaboradores.
DESAFIOS DE
AUTOGESTION
Todas las actividades que se desarrollan en Estación Esperanza se sostienen con el trabajo y la convicción de las personas que forman parte del proyecto.
Desde lo económico, este Centro que está gestionando su personería jurídica, se sostiene con el aporte de socios solidarios, con cuotas que van desde los $ 10 hasta el monto con que cada uno de ellos pueda colaborar, también con “las gorras” (contribuciones sin monto fijo a un fondo común, que reemplaza al concepto de entrada prefijada) y con algunas ventas.
De acuerdo a sus principios, la gente de la Estación no acepta ni subsidios de partidos políticos, ni la caridad intencionada de empresas privadas. La colaboración es anónima, pero todos podemos participar.
Asimismo, otra colaboradora del centro cuenta a esta reportera que “los artistas también vienen por convicción, y porque nosotros no le cobramos ni a ellos ni a la gente, pero sí les pedimos que hagan una donación a una institución benéfica”. Por ejemplo, antes de un recital se pueden recolectar como entrada alimentos no perecederos que luego son donados a un comedor.
“Es difícil sostener el trabajo autogestionado con el tiempo, porque es voluntario, nadie nos paga”.
TALLERES LIBRES
Durante la semana en el Centro se desarrollan talleres creativos y artísticos, todos abiertos y gratuitos, de acuerdo con su convicción de que “el acceso y la creación de la cultura es un derecho de todas las personas”.
Estas actividades, que continuarán durante el verano, son: fotografía, apoyo escolar, folclore para niños, títeres y teatro, acrobacia sobre telas, cintas y swing, murga, hip hop, peluquería y biblioteca.
CARICIAS AL CORAZÓN
A algunas personas nos sucede que cuando conocemos realidades y puntos de vista distintos no podemos dejar de hacernos preguntas. Una por ejemplo es: si al taller de murga de Estación asisten más de sesenta pibes que también reciben contención social (pibes que difícilmente puedan pagar una entrada al cine o al teatro, o puedan tener acceso a una play), me pregunto por qué a algunos les molestan tanto los ruidos de esa batucada (¿acaso son más molestos que los ruidos de un boliche?).
El sábado por la tarde estuve en la nueva casa de Estación Esperanza conversando con la gente y fui testigo de su trabajo. Hay muchas cosas que seguramente desconozco, cosas que pueden llegar a molestar a un sector de la población; pero al salir del lugar sin querer me encontré tarareando un tema de León Gieco: “La cultura es la sonrisa que acaricia la canción y se alegra todo el pueblo, quién le puede decir que no, solamente alguien que quiera que tengamos triste el corazón”.
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