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Información General Domingo 25 de Noviembre de 2012

Montevideo: el palacio Salvo

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Redacción

Por Redacción

El arquitecto lombardo Mario Palanti (Milán 1885 – 1979) llegó a nuestro país en 1909. Recién egresado de la Escuela de Arquitectura del Politécnico de Milán, fue contratado para diseñar el Pabellón de Italia en la Exposición del Centenario.

Lo nombré a Palanti en algunos artículos anteriores, ya que fue el arquitecto que diseñó el Palacio Barolo (Avda de Mayo) y en 1929 el Hotel Castelar, pero además ideó el edificio de la Nunciatura Apostólica, la Agencia de Automóviles Resta Hermanos (1) y los del Banco Francés e Italia, todos ellos en Buenos Aires.

En Montevideo diseñó el edificio más representativo de esta ciudad: el Palacio Salvo, que fue en su momento el más alto de Sudamérica superado luego por nuestro Kavanagh (1932). La piedra basal del Salvo fue colocada el 28 de marzo de 1923 y el palacio cuenta con una altura de 115 metros y 31 pisos, inaugurándose en 1927 y el acto contó con la presencia del presidente uruguayo Campisteguy. 

La casa inglesa Harrods (con única sucursal en el mundo en Buenos Aires) tenía proyectado instalar una similar en Montevideo, precisamente en el palacio Salvo, pero la crisis mundial ocurrida hacia 1930 provocó el desistimiento de la idea por parte de los propietarios de la empresa británica.(2)

La historia de la familia Salvo en América, comienza en 1825 cuando Lorenzo Salvo Vasallo llega desde su Liguria natal a tierras uruguayas. Su nieto Lorenzo Salvo fue el gran propulsor del edificio y adquiere el inmueble que abarca casi una manzana completa en el año 1919.

En el año 1922 se llama a concurso para el diseño del edificio el que es declarado desierto, y adjudicado directamente al arquitecto Palanti. Tanto el Salvo como el Barolo tienen una impronta tal que se los considera mellizos. Ambos están colmados de analogías y referencias a la Divina Comedia (1306). Es que Palanti admiraba al gran florentino Dante Alighieri, considerado el padre de la poesía Italiana.

En 1929 el famoso arquitecto suizo – francés Le Courbusier (1887-1965) visitó Montevideo y tuvo una opinión lapidaria para el Salvo: dijo que era un “bodrio” y que parecía una “salchichería”. Alguien dijo alguna vez que un médico puede enterrar sus errores, un arquitecto tan sólo puede aconsejar a sus clientes que planten una enredadera. La crítica de Le Courbusier debería ser extensiva a nuestro Barolo dada su similitud.

El Salvo fue construido con mármol de Carrara, granito de Alemania y para las aberturas se usó roble del Cáucaso. La idea de Palanti fue crear una línea imaginaria que uniera al Barolo con el Salvo. Ambos edificios tenían sobre la cúpula de su torre un faro de espejo parabólico de alto poder lumínico. 

Luego del ascenso de Musolini comienza Palanti a preparar su retorno a Italia. Intervino en varios concursos pero no logró ingresar al círculo profesional que rodeaba al “Duce” y a las altas esferas del fascismo. Escribió “Architettura per tutti” pero merced a su larga estadía en el Río de la Plata llega tarde con sus propuestas superadas por la arquitectura italiana. Finalmente fallece a los 94 años de edad en su ciudad natal.

El Salvo tiene una ubicación privilegiada: se encuentra donde nace la avenida más importante de Montevideo: la 18 de Julio, en la Plaza de la Independencia, pleno centro de la capital oriental. Su presencia es la más emblemática de todos los edificios de esa ciudad.

(1) Ubicado en Figueroa Alcorta al 3300. Se lo conocía como edificio Chrysler. En su terraza tenía una pista circular de 1700 metros, peraltada, y se usaba para probar autos a alta velocidad. Tenía una tribuna con capacidad para 3000 personas y en algunas oportunidades se realizaron carreras de motos. Fue inaugurado el 1 de diciembre de 1928 y hoy se lo conoce como Palacio Alcorta. (Parise E. Secreta Buenos Aires).

(2) El edificio de Harrods en plena peatonal Florida de Buenos Aires cuenta con subsuelo, 7 pisos y 47000 metros cuadrados de superficie cubierta. Fue inaugurado en 1914 y la firma la creó en 1849 en Londres, Charles Henry Harrod. Desde 1998 está cerrada y se la recuerda por sus ascensores de hierro forjado, escaleras de mármol, casa de té, peluquería y calesita entre otras cosas. Estuvo asociada a Gath y Chaves desde 1922 hasta 1974, fecha en la cual cerró esta última casa.

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