Por Redacción
Por Luis Sigl. - Pensar los acontecimientos que desembocaron en el movimiento del 25 de Mayo de 1810 es pensar en el germen de una incipiente idea de independencia nacida en la mente y los corazones de unos pocos hombres que serán protagonistas de este tiempo.
La Semana de Mayo fue, sin lugar a dudas, una confluencia de intereses para terminar con ciertas prácticas que España aplicaba en el Río de la Plata y en otros lugares de América: la limitación para aspirar a cargos en la administración colonial, la censura ejercida por la Inquisición y por la monarquía en las publicaciones y los libros, el monopolio comercial impuesto por España, el tributo que pesaba sobre los indios, la influencia de las ideas de la Ilustración, las trabas a la industria y a la cultura.
La idea de independencia, de ruptura y de cambio en las estructuras sociales y políticas no fue, entonces, la idea central en el pensamiento de quienes participaron en estos días de 1810. La mayoría de los integrantes de la Primera Junta de gobierno y las milicias porteñas por ella creadas creían en la necesidad de conservar los recursos de los pueblos del Virreinato para la corona española mientras el rey Fernando continuara preso de los franceses en la Península Ibérica, y si bien las ideas de Patria y Nación eran conocidas en el continente americano a través de la influencia de la Revolución Francesa y el ejemplo de la independencia norteamericana, pocos en estas tierras pensaban en el éxito de un gobierno autónomo que no tenía un poder sólido y le tocaba gobernar sobre pueblos tan disímiles y poco conocidos para este grupo porteño.
Había, sin embargo, algunas figuras que como Mariano Moreno y Manuel Belgrano tenían fe en las posibilidades de una transformación radical para los destinos de la patria naciente; sus intereses por los aborígenes, por los derechos del hombre y por la necesidad de un cambio en el modelo de gobierno, llevaron por ejemplo a Moreno a asumir el 25 de mayo un protagonismo militante, haciéndose cargo del puesto de secretario de Guerra y Gobierno de la Primera Junta, desde donde fijó su pensamiento: “La variación presente no debe limitarse a suplantar a los funcionarios públicos e imitar su corrupción y su indolencia. Es necesario destruir los abusos de la administración, desplegar una actividad que hasta ahora no se ha conocido, promover el remedio de los males que afligen al Estado, excitar y dirigir el espíritu público, educar al pueblo, destruir o contener a sus enemigos y dar nueva vida a las provincias. Si el gobierno huye del trabajo; si sigue las huellas de sus predecesores, conservando la alianza con la corrupción y el desorden, hará traición a las justas esperanzas del pueblo y llegará a ser indigno de los altos destinos que se han encomendado en sus manos” (en Orlando M. Punzi, “Moreno, periodista”, Todo es Historia, Nº 157, 1980).
Otro tanto hizo Belgrano, quien sin conocimientos militares no dudó en tomar el mando del Ejército para llevar las ideas de independencia a otros lugares del Virreinato del Río de la Plata, o contener a las tropas españolas que intentaban dar por tierra con estas ideas.
Hoy, en el 201º aniversario de los acontecimientos de Mayo, los argentinos asistimos como protagonistas también a un momento clave de nuestra historia. Los hombres de mayo decidieron con las armas en las manos el destino del país naciente; nosotros, con el voto, debemos asegurar qué destino queremos para la patria, y obrar en consecuencia.
El autor es profesor de Historia de Rafaela.
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