Por Redacción
PUERTO BELGRANO. - El teniente Facundo Rivadereyra es jefe de Máquinas del transporte ARA “Bahía San Blas”, y permaneció desde mediados de enero hasta fines de marzo en la Antártida.
Los marinos argentinos brindaron apoyo logístico a la Marina de Brasil y trabajaron mancomunadamente en las tareas de reconstrucción de la estación antártica Comandante Ferraz -que quedó destruida por el incendio que sufrió el año pasado- en el marco de la operación “Fraternidad Antártica I”.
Una de las misiones del “San Blas” fue trasladar 43 contenedores desde el puerto de Punta Arenas (Chile) hasta Ferraz, por lo que, en un principio, el buque viajó desde su apostadero en Puerto Belgrano al país trasandino.
Primero se trabajó en el alistamiento para que el transporte de la Armada estuviese en condiciones de realizar las tareas operativas asignadas en la Antártida y en Chile. Para ello era indispensable el buen funcionamiento de las grúas que dependen del Departamento Máquinas, en el que trabaja Facundo.
“Demandó tiempo y dedicación por parte de toda la gente del departamento para que el buque estuviera listo, de cara a su misión antártica”, contó el teniente Rivadeneyra.
Ya en el continente, el “San Blas” se ubicó en el fondeadero Visca de la Bahía Lasserre y brindó servicio a flote y tareas de apoyo además del traslado de personal en embarcaciones menores para las cuales el Departamento Máquinas también fue el encargado del funcionamiento y puesta a punto de los motores fuera de borda.
“El profesionalismo, la voluntad y el sacrificio de la gente fue lo que permitió haber cumplido y regresar a casa sin novedad”, expresó el jefe de Máquinas, reflejando que el barco es tan fiel como la gente que lo hace navegar.
Rivadeneyra dijo que nunca imaginó conocer el continente blanco, “es una experiencia inolvidable, entre ida y vuelta navegamos unas 5 mil millas y realmente voy a extrañar todo lo vivido a bordo del ‘San Blas’”, concluyó el joven marino.
ROSARINO EN ALTAMAR
Una charla, mientras cursaba el secundario en la Técnica 4 de Rosario, fue el disparador para que Facundo Rivadeneyra pensara un futuro ligado a la Armada. Fue en 1996 cuando promocionaban la carrera naval en su colegio, días antes de recibirse como electromecánico.
“Terminé la escuela y empecé Ingeniería Mecánica, me iba bien pero no me gustaba y teniendo en cuenta mi edad para ingresar a la Armada, decidí hacerlo en el 2000, entusiasmado con hacer algo relacionado a las máquinas”, contó el rosarino de 34 años.
En ese momento, la decisión no agradó del todo a su mamá ya que la idea de que dejara el hogar la inquietaba; no así a su papá, quien hizo el Servicio Militar en la Prefectura Naval y le encantan los buques.
“Mis padres son de San Pedro, Buenos Aires, y cuando mamá se fue a estudiar a Rosario, papá la siguió”. De Rosario nunca se fueron, es la ciudad natal de Facundo y de dos hermanos mayores que él.
Actualmente Facundo vive en Bahía Blanca junto a Carla y sus dos hijas, Julieta de 6 años y Victoria de 3, pero viaja asiduamente a Rosario de donde también es oriunda su señora.
“Toda la familia está contenta y siempre pregunta interesada en lo que hago, en el barrio también. Cuando viajamos disfrutamos del núcleo familiar”, expresó. “De Rosario me marcó el aire libre y las amistades, como también el fútbol. Soy fanático de Rosario Central y a las nenas las hice del equipo”, sonrió Facundo.
Su vocación lo llevó lejos de la ciudad que lo vio crecer, “al principio no conocía nada de la Armada, pero desde el ingreso en la Escuela Naval Militar comenzamos a navegar; además se crea un fuerte vínculo con los compañeros de promoción y se convierten en esa familia que a cada uno le hace falta cuando está lejos”, destacó.
Colaboración de María Silvina Rosas en www.gacetamarinera.com.ar.
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