Por Redacción
MARCELO DOMENICHINI – QUINTETO. TEMPORADA 2011
Previamente a la presentación anual a la que nos tiene acostumbrados Marcelo Domenichini, programada en este 2011 para el domingo 25 de septiembre, quiero hacer algunas consideraciones al respecto. Parto de una premisa: evitar ser reiterativo hablando de su trayectoria en este metier tan exigente y competitivo de enfrentar a un público cada vez más informado y exigente. Además su solo nombre nos remite a todo su historial que va desde aquel apenas adolescente de Argentina Tango Folk. Con sus dos viajes a Europa, a los que sumó tres más como solista, hasta el actual artista, solista y director responsable de un grupo de virtuosos con quienes integra su quinteto: Germán Domenichini (bajo), Melania Yossen (violín), Facundo Rubino (percusión) y Duillo Quinteros (guitarra).
Tendrá en este 2011, como siempre, invitados especiales que en esta oportunidad serán Natalia Carelli (flauta traversa), Sergio Grazioli (guitarra) y Emmanuel Miño (piano). Y no necesito decir más. El solo y el quinteto ya tienen su público, que los conocen, los siguen y los esperan cada año con la total seguridad de que se encontrará siempre con algo distinto que rompe el circunscribirse sólo a los éxitos de anteriores presentaciones.
Marcelo, tanto Solista como Director no es compositor, es intérprete, pero esto no menoscaba en absoluto su ubicación en la escala de valores dentro de la música. Alguien de los que me lee ¿pensó que la presencia del intérprete es imprescindible en razón al código que se maneja en este arte? Signos visuales no lingüísticos tales como figuras, notas, compases, tiempos, ritmos, trinos, acordes, arpegios, escalas, tonos, semitonos, matices, expresión, y cuantos más de una partitura, deben ser traducidos en sonidos para que el mensaje del creador nos llegue.
Si aceptamos que el intérprete es indispensable, se podría cuestionar acerca de la fidelidad que debe guardar hacia la partitura original. ¿Ser sólo un respetuoso traductor de lo que escribió el autor o puede permitirse su identificación con lo que está decodificando? Indudablemente, sí. El intérprete va más allá del preciso decodificador. Desde lo más estrictamente “clásico” a lo más popular, su presencia, su estilo, se imponen. Sólo basta con recordar la existencia de tantos cuyas interpretaciones no sólo jerarquizan al creador de la partitura sino que llegan a tener su público y sus rivales. Hasta en los espectáculos del más alto nivel, los del Colón, por ejemplo, están presentes los delirantes gritos y aplausos, y los abucheos y silbidos, que son exclusivamente para el solista o el director y los intérpretes y no para el consagrado autor de la obra, y doy fe de esto como testigo. También oí el orgullo con que un diletante decía haber escuchado a Marta Argerich, obviando mencionar el autor de la partitura.
Por otra parte, el vocablo “intérprete” ya connota algo más que “ejecutante”, apunta hacia quien comprende al compositor y con todo derecho lo siente a su manera dándole su estilo. Por otra parte desde el más profano hasta el melómano más exigente no sólo quiere oír al autor, a su partitura predilecta, sino también a su intérprete preferido. Si no fuese así no se justificaría la existencia de tantos grupos, bandas, solistas, interpretando un mismo tema. Compositor y oyente necesitan de este puente que los comunica. La herencia de los grandes creadores dentro de todos los géneros musicales pervive y nos llega gracias a quien nos “lee” sus composiciones.
Además y obviamente ese paso debe realizarse a través de un instrumento dentro de la enorme gama existente: vientos, percusión, maderas, cuerdas… que exige un largo aprendizaje y una continua práctica. Un verdadero intérprete debe consubstanciarse con el que ha elegido. Es su voz leyendo la partitura que puede alcanzar límites quizás insospechados por el propio autor, o destruirla. Sensibilidad, tocco, afinación, virtuosismo, seguridad, soltura, placer de comunicación… logran el milagro de llevarnos hacia el papel pautado donde está encerrada una creación en espera de ser liberada. Y Marcelo lo ha conseguido tanto como solista de años anteriores como el actual director responsable e integrante del quinteto. Lo que nos trae cada presentación viene precedido de muchos años de estudio, más de veinte y de mucha dedicación actual que lo han hecho un virtuoso artista para orgullo de su ciudad, de sus amigos y seguidores, del casi legendario Gasparín, intérprete de fama internacional que no sólo concluyó la obra del Prof. Vegetti, que lo inició en la música siendo apenas un niño, sino que lo llamó su mejor alumno.
B. Enry Milesi
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