Por REDACCION
Por José María Arancedo. - Cáritas nuevamente nos convoca para integrarnos, para formar parte de un gesto que nos una y solidarice con nuestros hermanos más necesitados. La palabra de Cáritas tiene un aspecto de docencia, a veces de denuncia, pero siempre de cercanía y de ayuda efectiva con el que sufre. Vista desde el Evangelio, Cáritas pretende ser la actualización de la presencia y de los sentimientos de Cristo frente al pobre, al que sufre, al que está solo.
El papa Francisco hoy nos habla de las “periferias existenciales”, como ámbitos que también deben ser tenidos en cuenta y acompañados. Son muchas las situaciones de carencias, marginalidad y orfandad afectiva en la que vive el hombre de hoy. ¿Por qué tengo que hacerme cargo de esta realidad? En la respuesta a esta pregunta es dónde comenzamos a descubrir el sentido y el fundamento de Cáritas.
Cáritas surge en la Iglesia como expresión y exigencia del amor de Dios que hemos conocido en Jesucristo. La verdad del hombre, desde Jesucristo, sólo se entiende en su relación con Dios y con sus hermanos. Es más, el signo de mi auténtica relación con Dios es el amor a mis hermanos. San Juan nos lo dice claramente: “El que dice: amo a Dios, y no ama a su hermano, es un mentiroso. ¿Cómo puede amar a Dios, a quien no ve, el que no ama a su hermano, a quien ve? (1 Jn. 4, 20).
Todo hombre es mi hermano es, por ello, el primer mandamiento de la moral social, como resonancia del mismo evangelio. No sería coherente con nuestra fe decir: creo en Dios, sino somos testigos de su amor. Este amor de Dios, que hemos conocido en Jesucristo, tiene una característica que define a Cáritas, y es su carácter de amor preferencial, no excluyente, por el pobre. Ellos, son los preferidos del Señor. No se trata de una postura ideológica, sino de fidelidad al evangelio (cfr. Mt. 25, 31-46). Cristo ha querido ocultar su gloria en el rostro de los pequeños, del que sufre.
Este año Cáritas nos presenta como lema un objetivo, ciertamente movilizador: "Apuntamos alto: pobreza cero". Con ello se busca despertar el compromiso, y la confianza, de que hay algo que debemos hacer para superar una situación que conocemos, y frente a la que no podemos quedarnos indiferentes. La peor respuesta a un problema es la indiferencia, o un sentido de impotencia que nos justifica y paraliza. Cáritas nos invita a formar parte de una respuesta posible, que nos permita elevar y promover a nuestros hermanos.
¡Con cuánta gratitud es recibida esta ayuda, que tiene como fuente el generoso aporte de un hermano! ¡Cuánta esperanza despierta este gesto que les permite a muchos soñar en una nueva realidad para su familia! Apuntamos alto, es cierto, porque el objetivo es ayudar a poner de pie a un hermano. No olvidemos, además, que la caridad sana, en primer lugar, a quien la realiza con generosidad y silencio. Cáritas quiere ser un lugar de encuentro para todos los hombres y mujeres de buena voluntad, que quieran sumarse a este camino de amor y de solidaridad.
Esperando que este fin de semana podamos responder con nuestro aporte a la colecta de Cáritas, reciban de su obispo, junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor.
El autor es arzobispo de Santa Fe y presidente de la Conferencia Episcopal Argentina.
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