Por Redacción
Se superó el cincuentenario. Se sucedieron miles de artistas en tantas décadas. Se emocionaron millones de personas cientos de noches. Pero hubo una primera vez. Hubo una primera comisión. Hubo un primer elenco. Y hay una historia poco conocida de ese primer escenario. La cuenta Rodolfo Ovejero, destacado músico santiagueño que vivió la experiencia de estar en Cosquín en aquellos tiempos. “Todos hablan de Cosquín, nadie habla de Ovejero, pero hay una razón. Pocos o muchos ignoran cómo se formó el primero, cuyos pioneros fuimos con Horacio Guarany, el Chango Rodríguez, Los Chalchaleros, Falú, Hernán Figueroa Reyes, pero los que pusieron el primer tablón del escenario fuimos Horacio y yo. En la siesta cosquinera en una camioneta acondicionada con parlantes recorríamos las calles, cada uno con su libreto en mano. ‘Escuche esta noche al gran Horacio Guarany el cantor de El Mensú, la de Alto Verde, etcétera’, rezaba Horacio; y yo por mi lado, ‘Escuche al gran guitarrista santiagueño Rodolfo Ovejero, la sonrisa morena del folclore’ como me había bautizado el gran Miguelito Franco; y así transcurrieron las primeras noches de Cosquín, con un saldo positivo y esperado según la comisión del festival, acepto que así fue. Al momento de la paga, estas fueron magras. Al año próximo seríamos considerados, así nos prometieron, pero llegó el segundo festival y no nos llamaron. Acudieron los más grandes y los etcéteras... como dijo don Ata. Luego al tercero yo ya estaba muy enojado por esa actitud y cuando recibo una carta de la Comisión de Folclore pidiéndome respuesta, les dije que quería veinte mil dólares, todavía no me llamaron, hasta ahora, pero no importa, me convertí en un espectador para ver a mi ‘Hijo’: el Festival de Cosquín crecer como ha crecido” confió en una entrevista que se publicó en el Suplemento Cultural “La Palabra” del diario LA OPINION.
Raúl Alberto Vigini
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