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Información General Martes 8 de Marzo de 2011

Liberación femenina

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Redacción

Por Redacción

Algún marido travieso argumentaba en favor de la igualdad de los sexos. Yo empezaba a sorprenderme de su pensamiento evolucionado, hasta que terminó diciendo: “No es posible que las mujeres siempre terminen mandando y nosotros obedeciendo”.

Más allá de la sonrisa que pueda sugerir esta salida, lo cierto es que -no obstante los adelantos que se registran- todavía falta mucho para que haya una verdadera equiparación de géneros. El machismo -que en el mundo lleva unos 6.000 años, según datos de expertos- se sigue resistiendo a claudicar. No sólo a nivel de la pareja sino también en los diversos ámbitos sociales.

Erich Fromm, en su libro “¿Tener o ser?” nos recuerda que “la guerra de los sexos es tan antigua como la lucha de clases; pero sus formas son más complicadas, ya que los hombres han necesitado a las mujeres no sólo como bestias de carga, sino también como madres, amantes y fuentes de placer. Las formas de la guerra de los sexos a menudo son francas y brutales, pero más a menudo ocultas. Las mujeres se rinden a la fuerza superior, pero luchan con sus propias armas, y la principal es poner en ridículo a los hombres”.

Dice a continuación: “El sometimiento de la mitad de la especie humana por la otra mitad causó, y causa, inmenso daño a ambos sexos. Los hombres representan el papel de vencedores, y las mujeres el de víctimas. Ninguna relación entre un hombre y una mujer, aún hoy día, ya hasta entre los que conscientemente protestan contra la supremacía masculina, está libre entre los hombres de un sentimiento de superioridad o, entre las mujeres, de un sentimiento de inferioridad”

La pregunta que da nombre al libro de Fromm (“¿Tener o ser?”) apunta a una respuesta clara en favor del ser. Acabamos de transcribir que las mujeres luchan con sus propias armas, sobre todo poniendo en ridículo a los hombres. Un ejemplo de ello podemos encontrarlo en una tira llamada Tutelandia. La mujer le dice al marido: “Yo te quiero por lo que sos, Alberto”. Con aire feliz, el hombre pregunta: “¿Y qué soy?”. Respuesta: “Un tipo con plata”...

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