Por Redacción
Mario Levrino fue un conocido fotógrafo de la ciudad, cuya personalidad lo hizo trascender mucho más allá de su profesión. Dueño de unos mostachos que lo distinguían como portador orgulloso, tan corpulento como bonachón y dado a las largas conversaciones. Por personalidad, no era de esos que se definían como "un tipo fácil", pero había que saberlo llevar, con paciencia, sin estridencias, y entonces se obtenía todo de él, pues siempre estaba bien predispuesto. De un humor muy fino, se deleitaba cuando los diálogos andaban por ese carril.
Lo que se dice, un buen tipo. Al que hoy queremos recordar, más de allá de su profesión, de su imponente figura, sobre todo por su don de gente, habiendo dejado un recuerdo bien marcado, inalterable al paso de los años. Es que Mario Dante Levrino, quien había nacido en Rafaela el 16 de febrero de 1916, hijo de María Levrino, murió hace ya 37 años. Son muchos, es cierto, pero muchos recuerdos, anécdotas -que las tenía de sobra, y muy ricas- hacen parecer que fue ayer, arrancando además una reflexión común pero real: ¡cómo pasa el tiempo! ¿O tal vez el tiempo queda y pasamos nosotros? Disquisición para otra oportunidad sin dudas.
El recuerdo sigue fresco, permanente, a través de Casa Levrino, en calle Sarmiento frente a la Escuela Alberdi, que desde entonces sigue manejando su hija Lidia. Mejor dicho Tully, pues es probable que por su nombre real más de uno no la identifique. Fue ella justamente, quien nos facilitó algunos datos y la foto de su papá.
Como a Mario, a quien conocimos muy de cerca por su profesión de fotógrafo ya que supo hacernos muchísimos trabajos para el Diario, es entonces que mezclamos algunas de sus historias y estas que nos facilitó Tully, simplemente para recordarlo. El pucho de los cigarrillos negros -de los fuertes- que fumaba con fruición y sus dedos siempre amarronados por la tarea del revelado de las fotos, no fueron cosa de siempre, ya que en sus comienzos trabajó de vidriero, aprendiendo el oficio de un señor Marieli, y entre otros, habiendo colocado los vidrios de edificios como el Colegio Nacional y el Sanatorio Moreno.
Su inicio en la fotografía fue en 1943, instalándose con un local en calle Colón, tercera cuadra, aunque luego pasó a Belgrano y Sargento Cabral, después a Alvear 109, y finalmente en calle Sarmiento, donde Tully, que lo acompañó desde los 14 años, sigue actualmente con esa tradición del negocio de fotografía de Levrino.
Todo le fue muy difícil a Mario pues su madre realizaba actividades domésticas, entre ellas en Foto Galassi, donde Mario comenzó a interesarse por la fotografía, conociendo los secretos del laboratorio y recibiendo enseñanzas de Emilio Galassi, otro gran fotógrafo de aquellos tiempos.
Sacó fotografías de acontecimientos sociales de familias enteras, por generaciones, ya que desde el casamiento, la fiesta de 15 de las hijas y después cuando estas mismas contraían enlace. Era habitual verlo, en sus últimos años de actividad, habitualmente acompañado por un español muy simpático, poco hablador, pero lo justo: don Tomás Gramajo.
Mario Levrino murió cuando apenas tenía 59 años. Se lo llevó el cáncer, ese que antes sólo se nombrada como "cruel enfermedad".
Vaya entonces nuestro mejor recuerdo.
Roberto Actis
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