Por Prof. José Angel Mondino
Es un tiempo de velocidad, de transformaciones profundas en las comunicaciones y, nos guste o no a las nuevas generaciones no les gusta leer y satisfacen su curiosidad en pantallas digitales, con otros lenguajes donde el conocimiento que se transmite en las instituciones educativas está degradado y vale poco.
En consecuencia las formas en que se enseña se ven afectadas radicalmente, con docentes que se manifiestan desesperanzados y no aciertan a encontrar el camino para que los sujetos en formación puedan apropiarse de contenidos que les permitan autonomía de pensamiento, porque no hay pensamiento sin contenidos y sin trabajo sobre el mismo pensar. El aprendizaje puede ser divertido y ayudar a los niños a crear y recrear paisajes, lenguajes y formas de apropiarse de mundos nuevos, mundos que los ayuden a vivir más felices.
Para crear y seguir creando un mundo lleno de imágenes, Cristina de Peretti trabaja cotidianamente con lo que ella misma dio en llamar: "Leer es una fiesta". Cristina fue durante muchos años bibliotecaria de la Escuela N° 1247 “Centenario de Rafaela” y logró con su esfuerzo que todos los alumnos de esa institución educativa se acercaran al mundo mágico de los libros de cuentos. No sólo eso, consiguió para la biblioteca un espacio propio, todo alfombrado, con almohadones y libros al alcance de las pequeñas manos, más algunos peluches que sirvieran de mudos testigos del hecho de aprehender los textos, es decir comprenderlos, apropiarse de las ideas del autor y recrearlos desde las posibilidades de las mentes infantiles que estaban aprendiendo nuevas técnicas para un fin absolutamente deseable: acercarlos a los textos.
Cristina está jubilada. Pero… ¿se jubila un docente o sigue siendo siempre docente toda su vida? Cristina con su accionar certifica que sigue siendo docente y bibliotecaria como lo era ayer y lo sigue siendo hoy. Se sigue brindando, plena, alegre, llena de vida y esperanza, a los niños y su relación con los libros.
En un mundo donde prevalece la imagen, Cristina antepone la letra escrita, pero bien escrita, con cuentos de autores reconocidos, visita escuelas cercanas y lejanas (se fue con la autora de cuentos infantiles Iris Rivera hasta una escuela de Huanqueros en el departamento San Cristóbal), se acerca a… ¿cómo llamarlo?... espacios donde asisten niños con algunas dificultades para leerles y leer junto con ellos. Leer es para Cristina una fiesta, un desarrollo de más y mejor educación para todos.
Pero… Cristina, no desarrolla solamente su ¿trabajo?, ¿pasión?, ¿locura? En Rafaela y la zona de influencia, podemos ver en facebook que leyó a niños de Italia, visitó bibliotecas y desarrolló su pasión por los libros y por los niños.
Desde nuestro humilde lugar, solamente queda por decir: ¡Gracias Cristina! Gracias por tu trabajo desinteresado, por todo lo que hacés, gracias por ser tan buena persona y tan buena docente.
Porque cumplís con las palabras de Graciela Frigerio: “… distribuir la herencia, designando al colectivo como heredero (para garantizar que no haya des-heredados) en un gesto signado por el signo (…) la posibilidad de dar lo que se sabe / lo que se tiene sin que el otro quede colocado en la posición de deudor. En educación la posición de deudor es impertinente dado que el acceso al archivo es un derecho”.
El autor es licenciado en Políticas Educativas.
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