Por Victor Corcoba Herrero
Reniego de los que llaman a las armas/ en lugar de llamar a la calma./ Reniego de los que piden sangre/ en lugar de pedir pan./ Reniego de los que convocan odio/ en lugar de convocar al amor./ Reniego de los que gritan venganza/ en lugar de reparar corazones./ Reniego de los que dividen/ en lugar de clamar reconciliación.
Que las armas se callen./ Que la sangre se contenga./ Que los odios se enmudezcan./ Que la venganza se olvide./ Que las divisiones cesen.
Alabo a los que sufren/ las injusticias y piden paz./ Alabo a los que con hambre/ aún reparten lo poco que tienen./ Alabo a los que aman/ al enemigo antes que al amigo./ Alabo a los que tienen clemencia/ con los intransigentes./
Alabo a los que suman aciertos/ y no restan tropiezos./ Pues al alabarles, les comprendemos.
Comprender es el principio de sentir./ Sentir lo que soy y pensar en lo que soy./
Concertar las palabras con la mente./ Expresar lo que sentimos/ y sentir lo que expresamos.
Para que la paz nos sonría, sonríe./ Para que el amor nos ame, ama./ Para que la vida nos viva, vive./ Para que el mundo nos abrace, abraza.
Abracemos el corazón/ antes que el cuerpo./ Vivamos el alma de las cosas./ Adentrémonos en el espíritu/ que nos gobierna/ y dejémonos gobernar por el sosiego.
Que cada batalla/ es una destrucción interior./ Que cada guerra/ es una pérdida del espíritu humano./ No hay victoria/ cuando se pierde el corazón, sabedlo.
Alimentad el espíritu/ con caminatas por el universo./ La fe en la poesía hace la vida./ Solamente una vida espiritual/ merece un poema,/ al igual que una vida ofrecida/ a los demás,/ es la única que merece ser rescatada.
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