Por Redacción
En esta especial jornada, destinada a revalorizar nuestras tradiciones autóctonas, quisimos enfatizarla con la entrevista a quien fuera la iniciadora del primer grupo tradicionalista que se manifestó en la ciudad, “Farol de los gauchos”, es por ello que mantuvimos una charla con María Luisa Cairolli Chanquía de Beltramone.
Una rafaelina por adopción que en sus ramas familiares concentra un crisol de etnias, puesto que se entrelazan las tradiciones aborígenes del alto Perú, las lombardas y las argentinas, y por cercanía -a través del origen de su esposo- las costumbres piamontesas, hecho que si bien la llevó a abrazar con fuerza nuestro acervo autóctono, con igual cariño se acerca a las otras tradiciones, como un modo de preservar la memoria.
Con inmenso sentido de pertenencia a la tierra -pese que ha nacido en Casilda, provincia de Santa Fe- nos hizo saber que “soy originaria del alto Perú, exactamente de donde cumplimos cien años ahora con el Machu Picchu. “Estuve justamente en la fiesta de Machu Picchu, porque mis antepasados pertenecieron a esa región, luego, cuando se divide el Virreynato del Alto Perú en dos partes, del que todavía está la polémica que si Bolivia, que si Perú, todo hace que quedáramos del lado de Bolivia, pero Machu Picchu es de Perú.
“Es como que lo habían tapado, luego de los años lo descubre un chiquito que lo acompaña a este inglés. Y como se dice que mis antepasados, tiguanacos, eran sencillamente indígenas muy malos pero que tenían la habilidad médica de trepanar el cerebro con elementos inexplicables. Yo no diría que podían trepanar el cerebro, pero sin embargo nadie se les murió”.
Más adelante puso de relieve su amor por el tambo y la ganadería y recordó que surgieron los Centros Tamberos, “nosotros integrábamos los Centros Tamberos del Sur y nos encontrábamos con la gente de los Centros Tamberos del Norte, allí había un solo soltero, que luego fue mi marido, Carlos Beltramone.
“Por su trabajo tuvimos que venirnos acá”. Siguiendo esa línea de tradición, señaló “mi casamiento fue gaucho, fue una sorpresa para la gente que fue desde esta zona, estaba un poco retraída, un poco tímida, sorprendida al ver que yo bailaba tanta zamba, tantos gatos, chacareras, tantas danzas que ellos nunca habían visto, porque al ser piamonteses no conocían”.
Agregó “cuando vine aquí, aprendí el piamontés para dejarle un legado a mis hijos, para transmitirle que la tradición no es solamente la argentina, sino que es la memoria de los distintos pueblos que han ido llegando y que debemos conservar y conocer, pero si tengo que elegir una, elijo la del país donde vivo, porque mi otra parte, Cairolli, es lombarda”.
Por otra parte remarcó algo que la enorgullece con relación a su familia italiana, porque hizo saber que “la familia Cairolli es muy importante dentro de la Lombardía, uno de ellos, Benedetto Cairolli, salvó con su cuerpo al Rey Umberto, de aquí que al lado del lago de Como hay una villa que se llama Gropello- Cairolli que pertenece a mi familia, y hay un monumento inmenso que con una leyenda que dice “La Patria a la familia Cairolli”.
Con respecto a su acercamiento a la tradición argentina puso de relieve que “mi familia es de estirpe tradicionalista, cada reunión era una fiesta, que utilizábamos para bailar nuestra música. Yo bailo desde que empecé a caminar y mis hijos también bailan desde que empezaron a caminar. Esa fue una forma que cuando estudiaba con mi propia familia, aprendí a vestirme como ellos y a no tener vergüenza de usar mi propia ropa, porque esa es mi ropa argentina, siento mucho orgullo de vestirme con poncho, símbolo de argentinidad, o de vestir un sombrero cuando uso un caballo”.
Recordó que “lo primero que formamos fue un centro tradicionalista, fue el primero que hubo en Rafaela, el que formamos a pedido de Marta Giura de Zimermmann, a la que le debo muchísimo, porque se fijó en mí por mi modo de vestir, de ser y de pensar. Ese centro se llama Farol de los Gauchos, y en este momento, a causa de falta de tiempo, es coordinado por Eduardo Buffa.
“Al año siguiente, como todo centro tradicionalista puede hacer una actividad cultural, formamos la Escuela, “Los Sisiriseros”.
“El padrino del centro tradicionalista es Orlando Veracruz, de la Escuela la madrina es Soledad Sylveira. A ella le gustó mucho nuestra escuela porque no es solamente la formación en la danza, sino que se ofrece una formación integral en todo lo que es acervo nativo, incluyendo danzas, comidas, vestimentas, literatura”.
Agregó que “como docentes hemos tenido la suerte de tener mucha gente que se ha recibido y que ejerce la docencia, tanto es así que en este momento en la zona están funcionando diez escuelas.
“En la Escuela ejerzo la dirección y como profesora tengo a Carolina Boretti y mis hijos se dedican a los pre exámenes”.
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