Por Alicia Riberi
Caminando por aquí y por allá, cuando veo, cuando escucho, cuando compruebo lo que pasa con la salud de mis semejantes, me paralizo, me espanto y la impotencia es tal, que si pudiera desintegraría con mis manos a los que con tanta liviandad digitan quién vive y quién muere, qué se cierra, qué se abre, quién trabaja y quién no.
Yo pregunto a esos señores todopoderosos… ¿se creen eternos?.. ¿Creen que siempre podrán manejarlo todo?...Yo estoy segura que no… no pueden impunemente especular con los insumos para sostener la vida, o cercar el trabajo de grandes profesionales, que limitados cada día, se ven imposibilitados de ejercer su profesión con libertad, por no haber transado con intereses mezquinos y despreciables. Las personas comunes vemos y oímos, ya no somos ni tontos ni crédulos y muchos más de los que creen, estamos dispuestos a luchar por el derecho a la vida, al pensamiento libre y reflexivo.
Rafaela no puede darse el lujo de cerrar el Policlínico como centro de salud con internación. Es un desperdicio. Una ciudad que crece, pujante y hermosa como esta necesita muchos centros de salud y no que se resten las posibilidades, centralizando todo en unos pocos centros, que no son suficientes. Los pacientes elegimos a los médicos que nos merecen confianza y no los médicos a los pacientes, en consecuencia tenemos derecho a que todos los médicos tengan resguardada su fuente laboral, sin tener que responder a intereses que van contra su integridad.
Personalmente fui víctima hace muchos años ya, de una mala praxis médica que marca mi vida todos los días y todos los días recuerdo a ese doctor que sin miramientos me hirió tan hondo y en contraposición veo al médico que me salvó con total humildad, amor y entrega a la profesión, que se encuentra abatido y desganado por las presiones de los que cierran caminos a los que no transan. Yo le digo a los doctores que no transaron, que seguramente serán unos cuantos, que sigan luchado por la vida, no bajen los brazos, que somos muchos los pacientes que les agradecemos su entrega desinteresada, y les digo, hay alguien a quien esos señores no consideran, pero ese alguien ve todo y obra, vaya si obra, aunque pareciera que no. Obra y algo se está gestando para los que creemos, miren sino, nos regaló un Papa argentino, una gran señal, que no es inverosímil es muy notoria.
Dios trabaja silenciosamente, El no sabe de cosas rimbombantes ni estrepitosas, El genera cambios profundos sin siquiera esperar aplausos ni reconocimientos en los medios masivos de comunicación.
A todos los rafaelinos les digo: debemos defender esta ciudad y no permitir que nadie, absolutamente nadie, destruya nuestra esperanza de tener una ciudad que sea la verdadera “Perla del Oeste” y no que algunos con sus ansias desmedidas de poder, rompan cimientos resguardados en los valores primordiales de la convivencia, que nunca se debieron olvidar, en bien de nuestros hijos y nietos. No perdamos de vista nuestro norte, por una sonrisa cautivadora, por una cara bonita o por una promesa que ni el que la dice la cree.
Es que nos volvimos ciegos de golpe… es que acaso no es mejor, que no prometan tanto y hagan más. Tampoco hay que, por unos pesos más, vender nuestras convicciones y cambiar de rubro, sino seguir en lo que sabemos hacer, paso a paso, para construir en la cotidianeidad una sociedad más honesta, solidaria y justa, pero no de la justicia “injusta” que padecemos hoy en la Argentina.
Comunidad rafaelina busquemos opciones que nos den cátedra de valores, sino es como si tiramos a la basura todo en lo que creemos. La vida es una y es por eso que debemos defenderla, porque la salud no es un negocio ni una especulación, la salud es un derecho de todos sin distinción de clase social, de color de piel, de religión ni de ideologías.
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