Por María Florencia Forni
Organizado por “Otras Voces” y el Centro Ciudad de Rafaela, el recital de Pedro Aznar en Rafaela será este sábado 4 de mayo a las 22 en el Teatro Lasserre. En un concierto íntimo, presentará canciones nuevas y selecciones de "Ahora", "Puentes amarillos", "A solas con el mundo", "Quebrado", entre otros. Las entradas están a la venta en la boletería del teatro de 18 a 20.
-Sos uno de los músicos más importantes de la Argentina de las últimas décadas. ¿Qué significa en tu vida? ¿Cómo influye en tu carrera profesional?
-No tiene una influencia directa porque cuando trabajo no estoy pendiente de cómo o cuánto las personas me consideran. Lo que hago es por pasión, con amor y un profundo respeto por el que escucha y por mí mismo, y sin condicionamientos externos. Pero sí es reconfortante sentir el reconocimiento; saber que hay tanta gente atenta a mi trabajo crea una responsabilidad que crece año a año, pero es, a la vez, un regalo que me hacen. Eso lo tengo claro.
-¿Y cómo repercute en tu vida personal?
-Durante muchos años pensé que "el personaje" y "la persona" tenían que mantenerse, en el fuero interno, separados a toda costa. Hoy me doy cuenta que es imposible, y que lo mejor que uno puede hacer es no ponerse divisiones que son ficticias: uno es un todo que viene completo, el hombre y su profesión. Con lo que hay que tener cuidado es con saber bajarse del escenario. No sólo los pies tienen que hacerlo...
-¿Cómo es tu vínculo con los músicos con los que trabajás? ¿Cómo elegís a las personas que te acompañan?
-Con la gente de mi equipo, músicos, técnicos y coordinadores, tengo una relación muy cordial, la pasamos bien en los viajes y tenemos un trato que no sólo es profesional. A la hora del trabajo, soy muy cuidadoso y detallista, y espero que cada uno dé lo mejor de sí (lo espero de mí mismo antes que de nadie). Elijo a quienes conforman mi equipo considerando varias cosas: la excelencia profesional, la buena educación, ubicación y respeto, y el espíritu de trabajo en equipo. También debe ser gente que no se amilane bajo presión: lo que hacemos puede incluir la situación de que algo no funcione como lo esperado cinco minutos antes de tocar para centenas de miles de personas y millones más por televisión e internet. A alguien sin aplomo, se lo comen los nervios y no logra resolver nada.
-¿Qué cosas te movilizan a la hora de componer música y letras? ¿Cómo describirías tu proceso de creación?
-Me nutro de todo lo que veo y lo que me pasa. Escribo en primera persona o invento historias, a la manera de un escritor de ficción. Para la composición no tengo rutinas ni métodos fijos, puedo empezar por un ritmo, una sonoridad, un concepto, una palabra o un título, o por una pequeña idea musical que se me ocurrió tocando un instrumento casi sin querer. Otras veces me siento a componer "por pedido propio", como cuando algún colega me envía una letra para que yo musicalice. Soy sistemático en lo que siento que hay que serlo, en aquello que se beneficia de lo ordenado, como son la mezcla de un disco, el armado de un show, el cuidado de los instrumentos y la voz. No le tengo ningún miedo al oficio como tal: sé que la inspiración no me abandona en ningún momento, y que "el minuto angelado" que se presenta espontáneamente también me ocurre a menudo. Estoy atento y dispuesto para las dos cosas.
-Logras interpretaciones brillantes de temas que marcan a muchas personas, ¿cómo eliges esos temas?
-Decido versionar un tema de otro autor cuando siento que me hubiera gustado escribirlo yo mismo, porque la historia que cuenta resuena conmigo. El trabajo del intérprete es una forma de re-creación.
-Intérprete de canciones, también sos como todos un intérprete de la vida. Y en un momento donde la palabra se ha vaciado de sentido y muchas personas parecen vivir "con los ojos cerrados", ¿cuál es para vos el rol de la música en la vida del hombre?
-Precisamente, el de abrirnos los ojos a la belleza de vivir, con todas sus notas, dulces y amargas. La música tiene el don de tocarnos el corazón. Cuando lo cotidiano nos embrutece y nos anestesia con su bombardeo constante de problemas y de preocupaciones prosaicas, ahí está la poética de la música volviendo a ponernos en contacto con lo más genuino de nosotros, con la emoción, con nuestras más altas aspiraciones como individuos y como comunidad.
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