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Información General Jueves 5 de Abril de 2012

La isla de Giglio: una perla de la Toscana

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Redacción

Por Redacción

El 16 de enero de este año, los medios periodísticos del mundo se ocuparon de la catástrofe sufrida por el Costa Concordia en la Isla de Giglio frente a las costas Toscanas. Se la describía como una pequeña gran maravilla, con aguas color esmeralda todo el año, clima templado y fauna marina increíblemente rica e ideal para los amantes del buceo. Y así lo es.

Tiene apenas 22 km2 y se encuentra a 50 Km al sur de la Isla del Elba y cuenta con 1700 habitantes. Sólo el 10% de su territorio está poblado. El 90% restante está ocupado por naturaleza con vegetación protegida y playas.

La isla se encuentra dividida en tres pueblos: Giglio Porto, Giglio Castello y Giglio Campese, que giran justamente alrededor del puerto, el Castillo y la campiña. Porque esta islita tan pequeña, por su ubicación estratégica, tiene su pequeña gran historia.

Conocida desde la edad de piedra, llegó a ser una crucial base militar etrusca y una villa de los duques de Toscana.

El puerto fue construido por los romanos y permaneció sin modificaciones hasta el siglo XVIII, ampliado primero en 1796 y luego en 1979, después de una marejada excepcional.

Sobre su izquierda se yergue la Torre del Sarraceno, construida en 1596 por Fernando I de Toscana, más allá la Caleta desde donde se distinguen lo muros de los viveros en comunicación con el mar, llamados cetarias. Se utilizan para la crianza de todo tipo de crustáceos, entre ellos un pez muy común en el mediterráneo pero muy temido por los pescadores por su cruel mordedura: las murenas. También se divisa la Villa romana de los siglos I y II DC.

Giglio Castello es la sede Municipal y está rodeado de un muro imponente con tres torres de base circular y 7 de base rectangular. Fue construido en el siglo XII por los pisanos y varias veces ampliado y restaurado por los duques toscanos, pero hoy se mantiene intacto en su interior. A través de calles estrechas llenas de arcos montados se llega a la plaza 18 de noviembre sobre la cual domina la Rocca Aldobranesca, una imponente construcción defensiva que le da una fascinación única.

Numerosas cantinas pintan la villa donde se puede degustar el típico vino ambarino y robusto de la isla: el Ansonaco.

En la iglesia de San Pedro Apóstol construida en el siglo XV se puede apreciar un capitel corintio del siglo 22 AC que sostiene una fuente, estatuas de San Mamiliano y de San Pedro, el altar de mármol y las reliquias del Papa Urbano I, y Urbano VIII , la ropa de Inocencio XII, como también un crucifijo de marfil del siglo XVI y un relicario del 1724 de San Mamiliano, obispo y mártir, evangelizador de la Toscana y de los marineros de las islas especialmente la del Elba y Giglio. En la isla se venera su reliquia, un brazo del Patrono, que según los isleños los protegió y salvó del ataque de los Tunecinos en 1799. San Mamiliano murió en la isla de Montecristo en el año 460.

En una vitrina, se conservan dos espadas y una pistola abandonadas por los piratas durante el último asalto en 1799.

Giglio Campese fue el último en nacer como centro habitado. Constituye el centro turístico más importante con sus inmensas y bellas playas, la bahía con el imponente farallón de un lado y la torre Medicea del otro. Esta torre fue construida en el 1700 para controlar la pesca y los frecuentes ataques piratas barbarrojas que ya habían saqueado la isla deportando como esclavos a 700 habitantes. Los Medicis, más tarde, la repoblaron con gente proveniente de Siena. Antes se encontraba sobre un escollo, hoy está unida a la tierra con un puente pequeño. Representó la fuerte defensiva de la heroica expulsión de los tunecinos en el último ataque barbaresco el 18 de noviembre de 1799.

El viento que sopla del sur hace de esta bahía un lugar ideal para el surf a vela. Las playas son de una arena finísima y aguas bajas y tranquilas. Un verdadero paraíso para los niños.

Hay playas donde sólo se accede a pie y otras donde se puede arribar en una barcarola.

Un lugar para descansar, disfrutar de la naturaleza virgen, la fauna marina, de la tranquilidad de una isla que en otros tiempos no lo fue tanto.


Aporte del Centro Toscano de Rafaela.

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