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Información General Viernes 6 de Abril de 2012

La grandeza de lo pequeño

Además de su energía para llevar adelante infinidad de soluciones que nada tienen que ver con su oficio, mecánico automotor, es una personalidad rafaelina valiosa. El entrevistado ama, protege y defiende a rajatabla a los animales, especialmente a los perros y los caballos.

Teresita Tosco

Por Teresita Tosco

“Mire, yo pienso que a alguna gente la educación le resbala por afuera, no le entra, tienen tanto la mente como el corazón no diría vacíos, pero sí pobres de buenas ideas y buenos sentimientos. Yo nací en un hogar de trabajadores. Llevábamos una vida modesta, pero tan rica en buenos consejos que me orientaron más tarde en la vida, y tan buena la compañía de mis padres para mí y para mi hermana Elsa, que puedo decir con sinceridad que tuve una infancia feliz”.

Así empezó mi charla con René Gagliesi, un conversador nato que se entusiasma trayendo a la conversación recuerdos juveniles y de su niñez.

“La casa la teníamos al final de Aristóbulo en el barrio Villa Podio. Y no sabe con quién jugábamos a los autitos, y a remontar barriletes en los campitos... ¡Con un maestro…! Con Marquitos Alcaraz, tan buena persona, tan buen guitarrista”. Su memoria infalible le hace mencionar a René los nombres de compañeros de la primaria en la escuela Moreno y de Zulema Pujato, su maestra de sexto. Cuando René tenía 10 años la familia se mudó al barrio donde él sigue viviendo actualmente, el populoso Villa Rosas, en donde a los 22 años plantó un taller por su cuenta y después se casó con Beatriz. Esta señora Beatriz, la formidable compañera en su vida, la que lo apoya en todo. La esposa que le dio dos hijas bellas, dos buenas personas. Gabriela que es mamá de Lucía y Josefina, y Yaquelina la mamá de Juana y Julia, niñas que colmaron de felicidad el hogar de Beti y René.

Previamente, René había pasado por la histórica Escuela Fábrica pero no terminó la carrera. Había otras carreras que agitaban su corazón, las carreras de autos. Para ser buen corredor en aquella época, era casi imprescindible ser mecánico. Lo aceptaron como ayudante de mecánico principal en el Taller de Biederbost y Porta ubicado sobre la calle Aragón. Allí aprendió el oficio, y lo agradece.


SERVICIO MILITAR

Sus ojos se abren brillantes cuando se acuerda de su servicio militar. Le había tocado en Guadalupe en el año 1955, época de la denominada por aquel entonces “Revolución Libertadora” y de bastante agitación en el país. “El Capitán salía en misión a otros lugares, y me dejaba su familia a mi cargo. Yo era un pibe de 20 años, sin embargo consideraba que la familia es lo primero que hay que cuidar, y estaba firme con esa consigna que me venía desde mi propia familia, firme y alerta como si hubiera estado en combate. Una vez estaba de franco y me vine a visitar a mi novia. En el camino divisé algo que parecía una caja. Me acerqué con cuidado porque podía ser una bomba y podía explotar, eran tiempos riesgosos aquellos. Pero era un maletín y estaba abierto. Sin tocarlo pude ver que contenía mucho dinero y documentos. Me presenté como soldado en la Comisaría y lo hice entregar al dueño. Pasaron los días y el Capitán se enteró. Una mañana me estaba preparando para el mate cocido, y me llama un sargento. La compañía estaba en pleno formada en el patio, y el Capitán mencionó lo que yo había hecho y me puso como ejemplo. Nunca sentí tanto orgullo y también un poco de vergüenza, en realidad había hecho lo que tenía que hacer, nada más…”.

René Gagliesi ama, protege y defiende a rajatabla a los animales, especialmente a los perros y los caballos. Sostuvo enconadas discusiones para intentar hacer sostener con prolijidad y respeto por la vida animal, los refugios que funcionan en Rafaela.

También ama el deporte motor y admira a sus protagonistas. Conoció y conversó con el ilustre Juan Manuel Fangio. Cuenta algunas anécdotas vividas con el quíntuple campeón. Conversó con Froilán González, conoció a Ernesto H. Blanco, todos próceres del automovilismo deportivo nacional.

El propio René corre aún hoy competencias de regularidad con su cupecita Chevrolet roja que lleva los nombres de sus nietas y los nombres de los hijos de su navegante el Dr. Darío Josviack, a quien René aprecia de manera especial. También Juan Carlos Irigaray de Venado Tuerto fue su navegante y René lo menciona como un grande, un señor. En la cupecita no llevan computadora como los otros corredores. Se las arreglan con un cuaderno, una birome y un cronómetro. Y muchas veces ganaron la regularidad o salieron en los primeros puestos. Otro escrito que lleva la cupecita roja dice: “Alberto Noya -El ángel veloz que salvó a Cartucho- homenaje de El Amparo”. René además se vinculó con la familia de este corredor que trágicamente falleció joven en un accidente en el autódromo, especialmente habló con la madre de Noya, le acercó un homenaje personal para su hijo, y produjo algo que a mí me conmovió profundamente. Logró que Rafaela no fuera para ellos un recuerdo doloroso.


UN PLAQUETARIO

Otros logros personales de René Gagliesi son por ejemplo, haber colocado un plaquetario frente a lo que fue la empresa H. Berta y Cía., en el bulevar Lehmann, con esta placa recordatoria: “A don Américo Berta pionero del Turismo Carretera del ayer. Digno representante del automovilismo rafaelino en la Buenos Aires-Caracas”. También promovió la idea y finalmente colocó en el autódromo local un monolito que recuerda y resalta la actuación de José Fanto un automovilista rafaelino memorable.

Un día habló con quienes están relacionados con la elección del Deportista del Año en Rafaela y les mencionó a Melisa Gretter, la notable basquetbolista local, jugadora hoy de la liga nacional y varias veces campeona aún en torneos en el exterior del país. Logró que la conocieran y le otorgaran el merecido galardón como deportista destacada.

Desde hace un año, con la conformidad de los miembros de APROTAME, Asociación de Propietarios de Talleres Mecánicos, que René Gagliesi está presidiendo desde hace bastante tiempo, y con el valioso apoyo de uno de sus integrantes Osvaldo Cardozo, han creado en las instalaciones de la entidad un Centro de capacitación para enseñanza de la mecánica base, particularmente a jóvenes que no tengan conocimiento de este oficio. Un emprendimiento noble, sin fines de lucro, creo que me comentó Gagliesi que los inscriptos abonan un mínimo, tanto como para hacerles obligatorio el compromiso de asistencia. En lo que insiste René es que la formación que allí reciben los asistentes, no solamente está específicamente relacionada con la mecánica, sino que además reciben los códigos del buen trato, de la atención esmerada a los probables clientes en el futuro, de la necesidad de cumplir estrictamente y atentamente los pasos que van desde la apertura del capó de la unidad hasta el hallazgo del problema que impide que un automóvil funcione bien. En pocas palabras, lograr que un muchacho sin preparación en lo que a mecánica automotriz se refiere, termine siendo un excelente ayudante de mecánico principal en un taller. Hasta ahora el objetivo fue ese, mecánica base. Pero el avance arrollador de la tecnología ha impuesto nuevos códigos, nuevos elementos para acceder a una asistencia acertada frente un desperfecto de automóviles que hoy son computadoras.

Por lo tanto este año han incorporado la electromecánica al Centro de capacitación de APROTAME. René mencionó numerosos agradecimientos a personas y empresas que han adherido a este emprendimiento particular. Mi memoria de entrevistadora puede fallar, René no se olvidó de nadie. Cualquier omisión es absolutamente culpa mía. El reconocimiento va para Rectificadora 14 de Julio, agentes de Válvulas 3B y Motor Parts SA, el taller del hijo de Víctor Boscarol, técnicos mecánicos que preparan motores de carrera que orgullosamente han obtenido campeonatos y también la gente de Ford Oeste.

Al despedirme, lo felicito a René Gagliesi por todo lo que hace, por su incansable apoyo a toda realización que dignifique el trabajo, a su empeño por guiar a los jóvenes en lo profesional y en lo personal, a su afán proteccionista… Y René Gagliesi levantando los hombros me dice: “Mire Teresita, desde mi modesto, pequeño lugar en el mundo, hago lo que tengo que hacer, nada más”.

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