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Información General Martes 28 de Febrero de 2012

La batalla de Salta

20 DE FEBRERO DE 1813

Redacción

Por Redacción

Por el Dr. Miguel A. Chiarpenello. - “Ocultan a veces su bandera los soldados que se sienten morir en la derrota; jamás, los que salen a luchar y a vencer”. La vigencia de este pensamiento del gran maestro Estrada, en el encuentro de hoy, adquiere especial significación por el recuerdo de la victoria en la batalla de Salta bajo la conducción del Gral. Manuel Belgrano, el patriota probo y honrado en el campo de su hacer civil y militar. El hombre de acendradas convicciones cristianas dotado de una dimensión humana trascendente.

Belgrano, después de la creación de la bandera en Rosario, fue nombrado jefe del Ejército del Norte reemplazando a Juan Martín de Pueyrredón. Se hizo cargo de un ejército derrotado, con muchos de sus hombres heridos, sin fondo para pagar a sus soldados y con gran escasez de armas. Se dedicó a disciplinar la tropa ganando la admiración de todos por su seriedad y su espíritu de sacrificio. El Triunvirato le dio la orden de replegarse hasta Córdoba. Así fue que dirigió el “Exodo jujeño”. Los ciudadanos de Tucumán lo convencieron de establecerse en esa ciudad donde pudo reclutar varios centenares de soldados más. Triunfó en Tucumán ante las tropas que respondían a la política de España (24 se septiembre de 1812). La batalla fue increíblemente confusa, cada unidad peleó por su lado, se desató una tormenta de tierra e incluso el cielo se oscureció por una manga de langostas. Pero la victoria fue contundente.

Belgrano reorganizó su ejército y avanzó hacia Salta. Se asegura que a su tropa se le unieron indígenas, negros, mestizos y paisanos criollos, atraídos por la noble gesta de la independencia y por el carisma del Gral. Belgrano. El 20 de febrero se libró la batalla de Salta donde logró un triunfo completo. Fue la primera vez que una bandera argentina presidía una batalla. Este combate debe ser conocido y valorado tanto en su aspecto militar, como el educacional y de la grandeza generosa de alma de su vencedor.

El estudio del terreno donde se iba a combatir, la estrategia para confundir al enemigo y atacarlo en su posición más débil, la sincronización de sus órdenes y el espíritu de combate de sus soldados adquirieron una alta relevancia que obligaron al jefe enemigo a retirarse hacia la ciudad de Salta, donde ofreció y obtuvo su rendición incondicional. Usó una fosa común y enterró en ella a los caídos de ambos bandos, formando a los soldados triunfantes y vencidos conjuntamente e hizo oficiar una misa. (En el Convento San Francisco de Salta un cuadro refleja la ceremonia).

Firmó con Tristán un armisticio, por el cual dejó en libertad a los oficiales y soldados realistas bajo juramento de que nunca volverían a tomar las armas contra los patriotas. Esta decisión le valió críticas de los miembros del gobierno porteño y de varios de sus oficiales pero la grandeza y generosidad de su alma se impuso.

Por sus victorias de Tucumán y Salta la Asamblea de 1813 le otorgó un premio de 40.000 pesos fuertes. Belgrano lo rechazó y expresó que el dinero de tal premio fuera dedicado para la construcción de escuelas en las ciudades de Jujuy, Salta, Tucumán, Santiago del Estero y Tarija. Sobre esta cuestión deja sentada una posición que adquirió y adquiere hasta nuestros días total relevancia: a los empleadores pedía para sus maestros un sueldo digno y justo y para estos, riguroso talento. Los maestros debían ser virtuosos y puedan dar con su ejemplo lecciones prácticas a la niñez y su juventud y dirigirlos por el camino de la Santa Religión, del honor y del conocimiento y la divulgación de todo lo relativo a nuestra nacionalidad. El gobierno central utilizó ese dinero para otros fines y nuestro héroe no pudo ver en vida concretarse su aspiración.

Hoy, aquí, de pie, con pasión argentina nos congregamos ante la imagen de Don Manuel Belgrano, el prócer más puro de nuestra patria cuya majestuosa personalidad nos anonada.

De pie, con pasión argentina, para rendir justiciero homenaje al hijo dilecto de esta tierra por su nobleza y honradez, ilustre por su clara visión de la realidad política y económica americana, por su heroísmo y abnegación.

De pie, con pasión argentina, ante aquél que manifestara: “los que siembran el odio y la violencia, aunque me aclamen, les digo que me han olvidado”.

De pie, con pasión argentina, ante el creador de nuestra enseña nacional donde, en sus suaves colores, tradujo su gran amor a la humanidad.

De pie con pasión argentina, al triunfador de la batalla de Salta que reafirmó de esa forma nuestra independencia confirmando en esos instantes su grandeza de alma, su inteligencia y su vocación de servicio que lo acompañó en toda su vida.

De pie, con pasión argentina, pido a Dios que el espíritu de Manuel Belgrano nos ilumine a todos y nos ayude para nuestro mejor desempeño como argentinos. Que así sea.


Nota: discurso pronunciado por el autor de esta crónica en la Sala de las Banderas del Monumento Nacional a la Bandera el día 20 de febrero de 2012, con motivo de recordar el 199 aniversario de la batalla de Salta. Colaboración de Jorge Mehring de Rafaela.

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