Por Darío Gutierrez
(Darío Gutiérrez, Redacción LA OPINION). - Nuestro entrevistado de hoy tiene 62 años y nació en la localidad cordobesa de Seeber, aunque a los 4 años se radicó con su familia en nuestra ciudad. Sus padres José Vicente y Lucía María, ya fallecidos, se afincaron en una vivienda del barrio San Martín, “al lado de la bajadita”, junto a sus hermanas Velia y Mirta.
De su primer matrimonio con Zulema Báez (fallecida) tuvo dos hijos, Pablo y Analía, y posteriormente con su actual esposa, María Cristina Peralta, llegó José Alfredo, el tercero. Tiene cuatro nietos, Gonzalo (23), Carla (19), Sofía (14) y Candela (7).
Desde corta edad comenzó a trabajar, algo que sucedía con varios adolescentes en las décadas pasadas, donde había que colaborar entre todos para el sostén del hogar.
Así fue que cursó los estudios primarios en la Escuela Pizzurno, que en aquella década del '60 se denominaba 393. Luego realizó dos años de los estudios secundarios en la Escuela Verdú, actualmente 25 de Mayo.
Entre sus primeros desempeños laborales menciona a la recordada Tienda Los Vascos, que se erigía en el actual edificio del Jockey Club; como así también a Calzados Vara, que tenía su local en Lavalle y Sarmiento, en tiempos de la primera Terminal de Omnibus de esa ciudad que estaba en ese sector. También trabajó en otras firmas tradicionales, como Cincotta y Abdala.
Posteriormente se incorporó a la recordada Zapatería Buenos Aires, un comercio que perduró en la ciudad y donde se desempeñó durante 17 años. Guarda especial gratitud por la actitud de sus dueños, Alonso y Fontana, quienes le permitieron trabajar medio día durante varios meses, para "probar suerte" con la peluquería, su medio de vida desde hace 25 años.
No obstante, acotó que este trabajo llegó casi por decantación, ya que su primera esposa fue peluquera y un día en un atelier fue René Manassero, otro peluquero amigo destacado de nuestra ciudad, quien le propuso enseñarle el oficio para hacerse cargo del corte de los más pequeños. Pero luego de intentarlo seis meses, prefirió en ese entonces dejar y retornar a la zapatería. Al poco tiempo, con la gentileza mencionada anteriormente de sus patrones, pudo estabilizarse en el nuevo rubro hasta incorporarlo definitivamente.
Como es fácil imaginarlo, ya dos generaciones han pasado por el local de Falucho 757, de "José Verón Estilista". Aquellos niños que llegaban de la mano de su madre para "cortarle el flequillo" hoy ya son jóvenes que, en muchos casos, han formado una familia, y que más allá del gusto personal, siempre escuchan con atención la sugerencia sabia para el mejor corte. Basta observar una pared llena de diplomas y asistencia a congresos de UPA (Unión de Peinadores Argentinos) por importantes ciudades del país, para comprobar su deseo de estar, como se dice en este rubro, "al último grito de la moda".
Agradece a Dios "tener la voluntad" cada día de levantarse para encarar con gusto una jornada de diez horas o más, tratando de darle el mejor servicio a una clientela, que estima en más de un millar desde sus comienzos allá por 1986.
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