Por Emilio Grande (h.)
Con el Jueves Santo, los cristianos están participando de las celebraciones principales del triduo pascual, la etapa más solemne de la Semana Santa en el que se recuerda la pasión, muerte y resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.
Anoche monseñor Carlos Franzini presidió la misa de la cena del Señor en la Catedral San Rafael ante una multitud de fieles, con el recuerdo de la institución de la eucaristía y del sacerdocio y se realizó también el gesto del lavatorio de los pies, en este caso a cargo del párroco Alejandro Mugna.
Después de la proclamación del evangelio según San Juan en su capítulo 13, el obispo diocesano dijo en su extenso sermón que "quisiera invitarlos a detenernos en dos expresiones que el evangelista pone y nos ayudan a entrar en la inagotable riqueza de este misterio. El amor de Jesús no es un amor de a ratos, a medias, «light»; es un amor hasta el fin, que derrama hasta la última gota de sangre, es un amor que no acaba como el verdadero amor".
Y agregó: "Jesús no llega a su pasión y muerte por casualidad, no está arrastrado por los acontecimientos de la vida. Es consciente de haberse hecho hombre conforme al designio eterno del Padre de amor que se da y se entrega; esa voluntad es exigente, crucificante, Jesucristo no se hace el distraído, ni rechaza ni se paraliza frente a este designio desconcertante".
Más adelante, el titular de la Diócesis señaló que "ustedes han visto lo que yo he hecho, dice Jesús a los discípulos, también ustedes tienen que hacer lo que yo hago. El Señor nos invita a descubrir que nuestra vida se entiende desde el amor gratuito primero de Dios por nosotros".
En otro pasaje, Franzini reconoció que "a todos nos cuesta vivir esta radicalidad del amor de Jesús hasta el extremo, por eso ha querido dejarnos signos por los cuales podemos a lo largo de toda la vida entrar en el misterio de amor de Dios. En la liturgia de este día conmemoramos la institución de la eucaristía, misterio de amor, presencia permanente del amor hasta el extremo del Señor por nosotros".
"No podemos ser cristianos sin ser eucarístico, la capacidad de amar al cristiano le viene de la celebración, adoración y comunión eucarísticas, sólo desde allí puede amar como Jesús ama. La carne y la sangre de Jesús se hacen carne y sangre de cada uno de nosotros y por tanto capacidad de amar como Dios ama", añadió.
También abordó la institución del sacerdocio: "el Señor ha querido dejar el ministerio sacerdotal a su Iglesia para perpetuar hasta el último día de la historia el misterio de su sangre derramada y su vida entregada en la celebración eucarística. Los sacerdotes existimos para perpetuar el sacramento del amor de Dios manifestado en su eucaristía. Aprendamos a valorar la vida sacerdotal como un don y un regalo para la Iglesia. No dejemos que nos enturbien esta mirada creyente las debilidades, las limitaciones y los pecados de quienes somos misteriosamente llamados a este servicio; el amor de Dios es más fuerte".
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