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Información General Viernes 22 de Abril de 2011

"Jesús amó hasta el fin"

Expresó el obispo Franzini en su homilía de anoche en la Catedral.

Redacción

Por Redacción

"Con esta celebración nos metemos de lleno en el misterio pascual de Jesús, celebramos el triduo pascual en los 50 años de historia como Iglesia particular en el marco de este año de la vida que el papa Benedicto y nuestra Conferencia Episcopal han propuesto para todos nosotros a lo largo de este año", destacó el obispo Carlos Franzini durante su homilía de anoche en la Catedral San Rafael.

En la noche del Jueves Santo se celebran el mandamiento del amor encarnado en Jesús en el lavado de los pies, la institución de la eucaristía en la última cena que se queda a través de su cuerpo y su sangre y la institución del sacerdocio.

Y agregó: "renovar la fe ese es el gran objetivo de nuestro año cincuentenario para ser de la nuestra una Iglesia servidora de la vida porque creemos en Jesucristo el Señor de la vida que se presenta como el camino, la verdad y la vida".

"En la última cena -continuó- el Señor realiza este gesto tan expresivo: el lavatorio de los pies. Sabiendo Jesús que había llegado el momento de volver al Padre y habiendo amado a los suyos los amó hasta el fin o hasta el extremo, poniendo el evangelista Juan el corazón del misterio pascual, la revelación acabada de un Dios que es amor extremo y que llega a la muerte para dar vida, para hacernos partícipes del amor, esto es la Pascua. Sabernos y reconocernos amados". 

Más adelante, el obispo diocesano dijo que "Jesús realiza ese gesto que parece intrascendente y sin embargo es decisivo. «Si ustedes me reconocen como maestro y yo les lavo los pies ustedes tienen que hacer lo mismo entre ustedes». El amor a Dios se le corresponde el amor fraterno, en la actitud obediente de Jesucristo que dio la vida por los hermanos, de ser amados y haber experimentado la ternura de Dios en nuestra vida nos propone que la correspondamos con una actitud equivalente con los hermanos en el servicio, la entrega y en el perdón hasta el extremo". 

En otra parte, Franzini sostuvo que "además Jesús nos dejó el alimento para amar, aquello que nos hace capaces de amar esto es la eucaristía. El signo manifiesto, patente, vivo, actual del amor de Dios entregado en Jesús hasta el extremo, nos hace misteriosamente capaces de ser nosotros signo y sacramento de ese amor de Dios para el hermano". 

"También celebramos el don del sacerdocio cristiano para la Iglesia, por misteriosa voluntad de Dios nos provee del alimento que necesitamos en nuestro peregrinar en la fe. Sin sacerdotes no hay eucaristía y la falta de ellos no es problema para el obispo sino un drama para la comunidad cristiana porque están llamados a darle todo aquello que necesita para vivir esta hermosa vocación al amor que recibimos en el bautismo", concluyó.

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