Por Redacción
Por Emilio Grande (h.) (Redacción LA OPINION). - En dos pasajes del sermón de ayer en la inauguración del nuevo templo de la parroquia San Pedro, monseñor Franzini hizo referencia a los medios de comunicación en el sentido negativo.
En la primera alusión afirma "felices los que crean sin ver, sin necesidad de hechos extraordinarios, sin acontecimientos que llaman la atención o salen en los diarios". En la restante mención, el obispo diocesano señala "no la fe milagrera, que necesita de hechos extraordinarios, no la fe que es noticia sino esa fe que se vive escondida".
Pareciera que está molesto con algunas noticias eclesiales, especialmente a partir del fenómeno que empezó a manifestarse con la Virgen de Itatí que llora desde el 2 de enero último en la casa de Raquel Benitez en calle Bufa 1280 del barrio Villa Dominga, a pocas cuadras del templo de San Pedro.
El Concilio Vaticano II (1962-65) incluyó el decreto "Inter Mirifica" referente a los medios masivos que sirve de base para futuros documentos: "La madre Iglesia acoge y fomenta con peculiar solicitud aquellos que miran principalmente al espíritu humano y han abierto nuevos caminos para comunicar con extraordinaria facilidad noticias, ideas y doctrinas; (...) prestan ayudas valiosas al género humano, puesto que contribuyen mucho al descanso, cultivo de los espíritus y a la propagación y consolidación del reino de Dios" (1 y 2).
Los documentos postconciliares como "Comunio et Progressio" (Pontificia comisión para los medios de comunicación social, 1971) y "Evangelii Nuntiandi" (Pablo VI, 1975) han tratado a los "mass media" como don de Dios en el ámbito del disegno providencial y del plan de salvación. Quiere decir que la Iglesia reconoce en los documentos citados la importancia de los medios de comunicación como instrumentos esenciales para llevar la buena noticia de Jesús en forma ilimitada e irrestricta.
¿Se puede vivir la fe en los ámbitos personal, familiar, laboral con los medios de comunicación? Si el periodismo tiene buenas intenciones de comunicar la fe a través de las distintas manifestaciones se puede integrar con la fe personal, escondida y comunitaria.
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