Por Analía Adorni
La ruptura en la pintura que va de la Edad Media al Renacimiento se inicio hacia el 1200 con el arte de Giotto.
Giotto vivió en la época de Dante, de quien fue predilecto amigo. Estos artistas compartieron el ambiente intelectual de Florencia y marcaron una profunda ruptura en el arte que va de Bizancio al Renacimiento.
Sus frescos pueden ser observados en la Basílica de Asís, en la Toscana.
Luego de siglos de tradición bizantina, el progreso en el arte de Giotto consistió en darle a la pintura un carácter más humano. Otorgó a los personajes una energía más plástica y humana: las figuras de Giotto si bien son figuras divinas ya poseen contorno y movimiento, están amasadas con vida.
Mientras las imágenes de la Edad Media estaban dirigidas a instruir al pueblo en las Sagradas Escrituras, en los artistas que hicieron de transición hacia el Renacimiento, como es el caso del arte de Giotto, las figuras están mucho más cerca de las historias que viven los hombres, como la pobreza y la austeridad.
En esta concepción actúa el pensamiento de San Francisco de Asís, mucho más cercano a los hombres en su mirada ascética de la vida.
Se puede decir que para Bocaccio, un poeta de la época, “San Francisco es la nave, en tanto, Dante y Giotto son las dos torres de la Antigua Catedral Gótica”.
En este sentido, la resonancia espiritual de San Francisco de Asís en los artistas de la época fue continua.
Con palabras sencillas, en su Cantico di Frate Sole, San Francisco exalta la hermandad entre todos los elementos de la creación. Para él, todo lo que existe en el Universo, la luz, el sol, las estrellas, el agua, los pájaros, el hombre, la muerte misma son hermanos. “se trata de Dios y las cosas”
San Francisco posee una sustancia humana honda que otorga al arte de entonces una intensa vitalidad.
En la Madonna de Florencia, aparecen novedades en la pintura del Renacimiento: el trono con gradas, los ángeles como adolescentes con alas y aureolas, el modelado pleno de la figura humana: la nueva vida que florece en los ojos que miran hondo, el sentido espacial que colma el cuadro, todos son elementos de una visión humana.
Este arte reacciona contra el geometrismo de las formas del mosaico bizantino, impregnándolas de la palpitación humana propia del Renacimiento.
Remontándonos al siglo XX la película dirigida por el italiano Franco Zeffirelli recrea fielmente la vida de San Francisco, mostrando los aspectos que el Santo de Asís impregnó al pensamiento de la época.
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