Por Julio Armando
Es muy fácil caer en la trampa que plantea el gobierno provincial de turno, apoyado por algunos gremios, cuando comienza a enumerar los logros obtenidos durante los últimos años y que suponen un mejoramiento de las condiciones laborales en la docencia.
Pero analizando una a una las medidas ejecutadas queda en evidencia que prácticamente todas ellas, y algunas relevantes, no infieren en nada o muy poco en la calidad educativa y mucho menos en el día a día del educador . Todas son “de la escuela para afuera”. Una cuestión es mejorar la situación contractual de un empleado estatal y otra muy diferente es hacer de su lugar de trabajo o de su tarea algo más complaciente y efectivo.
Para comenzar a plantear ejemplos concretos hay que citar algunos “caballitos de batalla” que nombran constantemente políticos y gremialistas, como la implementación de paritarias anuales donde se discuten salarios o concursos que posibilitan titularizar en el cargo a los docentes. Ninguna de estas dos medidas, de gran importancia, tienen injerencia directa en el trabajo diario ya que no resuelven los problemas estructurales que presentan hoy las instituciones educativas. Entre ellos, la violencia cada vez más presente, la repitencia en niveles altísimos muchas veces disimulada por los propios docentes a la hora de calificar, las malas condiciones edilicias que siguen padeciendo las escuelas, la sobrepoblación de cursos que continúan superando los cuarenta alumnos, los niños con condiciones especiales de aprendizaje desatendidos, sumado a los aprietes recibidos desde las esferas políticas para que ningún hecho disruptivo, descontento o protesta se dé a conocer públicamente para “preservar a la institución”.
Claro, en perjuicio del deterioro de la salud de los trabajadores. Un claro y objetivo dato de esto último es la cantidad de licencias docentes que se dan por día y el alto porcentaje de ellas que se relacionan con enfermedades psicológicas, directamente vinculadas con las condiciones de trabajo que deben padecer los educadores y que fueran nombradas anteriormente. Son miles los reemplazos que se producen diariamente en la Provincia producto de las licencias solicitadas, lo cual muestra que es evidente que algo no funciona bien por más que se trate de ocultarlo. “Ya no hay reemplazantes”, concuerdan todas las directoras de las instituciones educativas que en algunos casos apelaron a llamar a los estudiantes terciarios que todavía no tienen su título para cubrir los cargos vacantes. Situación que además es innegable ya que desde el punto de vista operativo incluso el sistema telefónico de pedido de licencias se encuentra siempre saturado. No pueden ser “todos vagos que no quieren trabajar”; más allá que haya oportunistas, es evidente el deterioro que sufren quienes todos los días enfrentan situaciones que no sólo no pueden resolver, sino que además desde el propio Estado responden con silencio, inacción y amenazas hacia el trabajador. Aunque suene muy fuerte este último término no se me ocurre otro que grafique la acción que algunos docentes reciben: “si hablás tu carrera se va a manchar por un acta en la Regional”.
Pero aunque parezca descabellado hay algo peor que la inacción estatal, que es cuando se dice para “el afuera” que se está haciendo algo cuando en realidad todos saben que los mecanismos son precarios, insuficientes, puramente nominales y sin injerencia en la transformación de la realidad. Hablo claramente de los equipos socioeducativos, territoriales, o el nombre que se les pretenda dar. Los mismos se encuentran desprofesionalizados, acotados en número y sin herramientas claras que solucionen los problemas diarios. Están para la prensa pero no para docentes y alumnos.
Queda demostrado así que las condiciones, del aula para adentro, siguen siendo las mismas, o peores en algunos casos. El hecho de tener una paritaria, de poder trasladarse a una escuela más cercana a su domicilio, de ser titular y de tener estabilidad laboral o de hacer un trámite más rápido por un portal de Internet, son todos logros importantes y destacables; pero que se relacionan más con lo contractual que con el cambio profundo que necesitan hoy las escuelas. Cambios que todavía nadie se anima, quiere o sabe cómo producirlos. El “núcleo duro” del sistema sigue intacto, el "status quo" en el que se encuentran inmersas las instituciones se mantiene inmune a los discursos y acciones de funcionarios y gremialistas. La matriz obsoleta que cobija a alumnos y docentes está más firme que nunca y lo más preocupante es que se encuentra institucionalizada por quienes deberían intentar cambiarla.
Los comentarios de este artículo se encuentran deshabilitados.