Por María Florencia Forni
El mismísimo Astor Piazzola sostuvo: “hay que nacer en ese territorio argentino y después hay que nacer Barboza para tener ese increíble "swing" correntino (…) El es un luchador y merece mi estima y admiración”.
Raúl Barboza, cuya música recorrió todo el mundo, desde la URSS hasta Japón pasando por el Vaticano y España, llega a Rafaela el domingo 31 de julio, en el marco del Ciclo de Música Popular organizado por Otras Voces. Antes de su presentación, en la sala del Lasserre, LA OPINION entrevistó en exclusiva a este excelente músico y por sobre todas las cosas, gran persona. Porque no hace falta ver su rostro, la expresión de sus palabras posee el mismo color que su música, esa que traspasa fronteras y razas simplemente porque se dirige al alma.
RAULITO EL MAGO
En junio de 1938 nació en Buenos Aires Raúl Barboza, hijo de padres de origen guaraní. Cuando tenía 7 años, le regalaron su primer acordeón con el que aprendió el arte de la técnica del chamamé. Y con tan sólo 9 años, por su destreza, sus allegados comenzaron a llamarlo “Raulito el mago”. Sin embargo, parece que su conexión con esta música fue anterior: “ya en el vientre de mi madre, no habiendo nacido a la vida, tenía una predisposición por el chamamé. Me contó ella que cuando estaba en su panza yo me movía mucho cuando la escuchábamos y no pasaba lo mismo cuando se oía un tango o un jazz”.
De niño comenzó junto con su padre a participar en emisiones radiales, tocando música para adultos, y en 1950 grabó su primer disco con el grupo “Irupé”. Barboza se reconoce músico autodidacta y en sus temas aparecen plasmados valores como la austeridad, el orgullo de pertenecer, la convicción solidaria. Aunque muchos los consideren valores “en extinción”, Barboza aclara: “Si yo pensara eso estaría desaprobándome a mi mismo. Intento ser solidario, escuchando a las personas, no siendo mezquino".
En este andar por la vida yo intento ser útil y cuando uno intenta ser útil uno es positivo. Hay personas que necesitan una palabra, o simplemente una caricia, no es mucho lo que se necesita para que una persona se sienta cómoda y acompañada. Intentar saber cómo uno puede ser útil; con las personas y con los animales, los pájaros, la selva, los montes, la vida. Es a la vida a que uno quiere sentirse útil.
Barboza tiene un don y no puede ocultarlo. “Su personalidad, transparente cuando acuna su acordeón, se lo impide. Basta verlo sobre el escenario abrazando el fuelle y con sus dedos recorriendo la botonera para constatarlo”.
-¿Siente que los jóvenes se han alejado de la música que los conecta con sus raíces?
-Andando por tantos lados por donde ando, he encontrado jóvenes que tienen mucho interés en aprender y saber. Conozco muchos músicos jóvenes que tienen interés real, me hacen preguntas profundas: cómo aprender las armonías, me piden las partituras… yo no soy un maestro que estoy en la Argentina, pero encuentro en chicos jóvenes un gran interés en aprender música de nuestra país. Pero sin ninguna duda hay quienes hacen un uso más trivial del arte, quizás por necesidades personales, pero yo no voy a poner en tela de juicio a ninguna persona o colega.
PORQUE LA MUSICA
LO DICE TODO
Comunistas, capitalistas, orientales, americanos, rusos, japoneses ¿qué “lenguaje” emplea este hombre para lograr comunicarse?
Raúl Barboza es conocido como el “embajador del chamamé”. Con su música (y ahora me atrevo a decir, y con su sabiduría) ha recorrido el mundo: desde la URSS, cuando existía como tal, a Japón, el Vaticano, Inglaterra, los países de América Latina, entre otros. Su música traspasó fronteras, sistemas políticos, razas…
“Para hablar de creencias políticas o creencias religiosas se necesita un tiempo largo para hacerlo con solvencia, claridad y ser didáctico; porque puede haber controversias.
"Cuando yo voy a tocar a un lugar, lo primero que hago es tocar la música de mi espíritu. Yo intento hacerla escuchar, nunca intenté imponerla, todo lo que yo hago es compartido. No doy órdenes, no grito y trato de que mi voz tenga un color para que me entiendan, para yo poder expresar tranquilo mis ideas.
"Cuando subo al escenario mi actitud es la misma. Intento que la música, las notas, la melodía y los ritmos que salen de este instrumento, y que es una música me precede, pueda llegar al espíritu de la gente que está sentada escuchando.
"Toco al espíritu de la gente que me fue a ver; y el espíritu no necesita de la palabra, que suele ser un límite para el hombre”.
Si no se aprende un idioma no lo puede expresar pero cuánto puede uno, sin embargo, expresar con una mirada, con una sonrisa, con un ademán. Y la música es la expresión del alma; por la tanto cuando yo voy a Japón o a la China, a Africa, a la URSS cuando era la URSS o en Inglaterra, Estados Unidos o América del Sur; yo les hablo con mi acordeón al espíritu de la gente. Y si mi espíritu entra en contacto con el de ellos a través de la música, pues no hay mucha palabra que haga falta decir porque la música lo dice todo.
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