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Información General Martes 21 de Mayo de 2013

Guillermo Rico, la ida de un grande

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Roberto Actis

Por Roberto Actis

Guillermo Rico fue un amigo de Rafaela, ciudad que le gustaba y que había visitado muchas veces. Llegó hasta aquí atraído por un amigo del alma, Eugenio Morbidoni. Participó de algunos espectáculos y también muchas veces vino por puro placer, para encontrarse con amigos. Por su bonhomía, don de gente y por sobre todas las cosas su sencillez para conectarse con las personas, le habían hecho ganar amistades, gozaba de simpatía y se le abrían todas las puertas.

Muchas veces visitó LA OPINION y con él pudimos mantener charlas que fueron mucho más allá del contenido de una entrevista, o simplemente de un encuentro. Se extendieron por diferentes ámbitos, en el Roberto Grau o en el hall de algunos de los hoteles en que aquí se hospedó. 

Don Guillermo emprendió el sábado ese largo viaje que le dicen sin retorno, aunque en casos como el de él, suelen extenderse en el recuerdo, que es una forma de seguir viviendo. Otras veces lo hemos dicho, pero se ajusta tan bien como definición que volvemos a apelar a esta síntesis: fue un buen tipo. Dicho así, en el idioma que a él le gustaba, mezcla de barrio y aires tangueros.

Conocedor de la gente, una simple mirada le alcanzaba para tener una semblanza y se ampliaba en el diálogo, entonces podía profundizar el conocimiento. Rico, que murió a los generosos y bien vividos 93 años, era de esos que después de compartir un café y una charla daba la sensación de conocerlo de toda la vida. Transparente por donde se lo mirara, fue uno de los grandes del espectáculo argentino, parte de la historia, y sin embargo en ningún momento lo hacía notar. Era también un buen escuchador.

Cantaba de diez -en sus comienzos fue cantor durante largo tiempo de la orquesta de Francisco Canaro- grabó muchísimos discos, imitador, actor de cine, teatro y televisión -participó nada menos que de aquella legendaria novela Rolando Rivas-. y por sobre todas las cosas, un verdadero tipazo. En sus mocedades, su canto y su pinta de galán, lo convirtieron además en polo de atracción del sexo femenino, y su gran éxito, la cúspide de su popularidad se la dio la intervención en el ciclo de películas de Los 5 Grandes del Buen Humor, junto a Zelmar Gueñol, Jorge Luz, Juan Carlos Cambón y Rafael Carret, el único sobreviviente.

Pero claro, aunque necesarios para enmarcarlo en su verdadera dimensión, estos son simples datos, que salieron en todas las crónicas. Lo que en cambio fue algo menos conocido, fue esta estrecha relación que Guillermo Rico mantuvo con Rafaela, con la familia Morbidoni, y además, dejando muchos amigos que seguramente en este momento de postrer despedida, lo recordaron como lo que fue: un "grande" pero no sólo del buen humor, sino de la vida. Quién le dice que por ahí Guillermo y Eugenio ya se hayan encontrado para compartir algunos recuerdos...


Roberto J. Actis

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