Por Redacción
El inquieto Antonio Fassi acaba de publicar su libro titulado "El loco de la volanta (tras los pasos del incario)", que relata el viaje que hizo al Machu Picchu en 1971, impreso en los talleres gráficos de LA OPINION. Se puede adquirir en librería El Saber de nuestra ciudad.
En la tapa de este volumen aparece Fassi sobre la volanta con sus caballos y en la contratapa es un fotomontaje hecho por la revista "El Satélite" (dirigida por David Ponroy) en el que están el autor del libro acompañado por Atahualpa Yapanqui en la volanta, en ambos casos con imágenes imperdibles del Machu Picchu, descubierta por Hiram Bingham.
"Pasados ya cuarenta años de aquel recorrido, en el eco de una baguala, en los colores de una montaña, en el plato hospitalario de un hermano de barro, en las piedras de un antigal quedó la sombra de un Quijote anónimo. No reniega este de su locura ni piensa hacerlo en el lecho de muerte, como lo hizo el ficticio héroe, que se abandonó a ella ante la obligación de ser real", escribe Mariela Natalí Eier (profesora de Lengua y Literatura) en el prólogo.
El viaje demandó unos 7 meses en volanta, partiendo desde su Capilla Fassi natal (Colonia de Egusquiza) hasta la ciudad de La Paz, capital de Bolivia, a 4.000 m de altura, continuando en barco y luego en tren porque se le habían aflojado las cuatro ruedas del carruaje debido al andar por caminos sinuosos y pedregosos.
El itinerario incluyó Cerro Colorado, Santiago del Estero, Tucumán, Salta, camino de cornisa, Quebrada de Humahuaca, frontera con Bolivia, Villazón Potosí, Oruro y La Paz.
Ese trayecto lo hizo acompañado por tres caballos y su perro que después lo perdió. El Machu Picchu está a 2.800 m de altura y para el autor "es increíble lo que se ve de aquella civilización Inca que tiene una semejanza con el Egipto de los faraones por el corte de la piedra y porque también adoraban el sol. Sobre la base del templo del sol en Cuzco hicieron luego la Catedral”, cuenta a un cronista de este Diario.
Ya de regreso a La Paz junto a la volanta con sus caballos que quedaron alojados en el Club Hípico para ser transportados en un camión hasta la Quiaca, donde personal de Gendarmería le repararon las ruedas de la volanta y “así seguir andando”.
Fue una epopeya de aquel Fassi con solamente 29 años de edad y que hoy no quedó en el olvido sino que vuelve a recrear esta experiencia a través de 82 páginas con textos y fotos.
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