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Información General Lunes 15 de Octubre de 2012

Falleció Olinda Fessia

Tenía 88 años, fue enfermera obstetra por más de 40 años, asistió a una innumerable cantidad de embarazadas rafaelinas y de los pueblos, también a los más necesitados.

Redacción

Por Redacción

En la víspera falleció Olinda Amelia Fessia a la edad de 88 años, causando hondo pesar entre sus familiares y amistades. Sus restos serán inhumados hoy en el cementerio municipal previo oficio religioso en la parroquia San Antonio.

En la edición del 29 de abril de 2012 había sido entrevistada en la sección "Rafaela y su gente" por el periodista Mauro Gentinetti.

Era vecina de barrio Alberdi. Son muchos los que seguramente la recordarán. Desde 1948 cuando se recibió de enfermera obstetra, por entonces una especialidad poco habitual, y por más de 40 años, asistió a una innumerable cantidad de embarazadas rafaelinas (¿miles?), tanto durante el período de gestación como en el momento mismo del parto. Una actividad que le provocó el reconocimiento de mucha gente, sobre todo de las familias más humildes de la ciudad.

Olinda vivió en la misma casa donde supo tener su consultorio particular. El consultorio todavía sigue estando intacto y se conserva casi como si estuviera en actividad con su mobiliario y elementos de trabajo.

En ese cuarto de calle General Paz Olinda realizaba el seguimiento de los embarazos de mujeres que nueve meses más tarde tenían su parto en el Hospital, en el sanatorio Nosti, en el Moreno o en la Clínica Mayo, donde ella también trabajaba y asistía.

“Acá venía mucha gente de afuera, de Pilar, de Bella Italia, de Egusquiza. Y también mucha gente de Villa Podio. Yo los atendía tuvieran o no tuvieran plata. A veces, me pagaban con huevos, o con gallinas. El chico nacía y yo salía contenta”, recordó en la última entrevista.

También hacía muchos domicilios. Se movía un en “Chevrolet modelo 30” y, en la mayoría de las veces, se trataba de casos de emergencia. “Una noche vino un hombre que vivía al otro lado de avenida Italia. Llovía a baldes. Era una familia muy pobre, su mujer estaba por parir y yo tenía que ir a atenderla. Me vino a buscar en un sulky. Me mojé hasta las rodillas. La familia ya tenía 4 o 5 hijos varones. Atendí a la mujer, nació el bebé y me trajeron otra vez a casa en sulky”.

“Otra vez me llamó por teléfono un hombre que vivía en Villa Rosas. Me dijo que su esposa estaba embarazada y le parecía que estaba media descompuesta. Tráigala, ¿qué espera? Llegó, la alcancé a acostar en la camilla y ahí nomás nació”.

“El principal miedo que tenían los hombres, era que al momento del parto le cambiaran el bebé. Entonces yo les decía: si estoy yo, quédese tranquilo que nadie se lo va a cambiar”.

Su profesión la apasionaba. Olinda contó que cuando estuvo estudiando en Córdoba, le tocó hacer las prácticas en la Maternidad Provincial. Un inmenso edificio donde sólo en la guardia, se podía encontrar un centenar de parturientas en trámite. “Yo estaba feliz. ¡Si hubiera podido, las hubiera atendido a todas yo sola!”, graficó.

Al día siguiente de haberse recibido, aún sin tener demasiado en claro cuál iba a ser su destino, llegó a Rafaela donde vivía junto a su padre desde hacía varios años y recibió un llamado. Era el doctor Antonio Chiaraviglio, un destacado profesional de la ciudad, ofreciéndole trabajo.

Ella confesó que hubiera ido a cualquier lugar con tal de trabajar de lo que le gustaba. Pero que Rafaela "es linda" y que con el tiempo se fue encariñando.

Aquí empezaría a desarrollar una profesión que cumplió con religiosidad hasta los 60 años. En todo ese tiempo, tuvo un paso por el Hospital que la marcó para toda su vida. "Trabajé 7 años. Nunca cobré un peso”, dijo.

Dentro de los servicios prestados, figuran varios partos a familiares y conocidos. En su familia, que era oriunda de Egusquiza, eran tres hermanos y con el correr de los años tuvo el privilegio de dar la bienvenida a varios descendientes, entre ellos, a una sobrina-nieta.

Pero a pesar de su pasión por los bebés, nunca se casó y jamás pudo experimentar en carne propia lo que es un parto. Su vocación y entrega, le consumió la vida. De todas maneras, no se arrepiente. “Si pudiera, haría de nuevo el mismo trabajo”, aseguró.

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