Por Antonio Grande
La Buena Noticia, es el contenido, el mensaje, que la Iglesia comunica con su acción evangelizadora a las personas y a las comunidades en su vida cotidiana. En una mirada más amplia, en relación con nuestros pueblos y sus culturas.
Después del Sínodo de los Obispos de 1974 sobre el tema de la evangelización, Pablo VI asumió el desafío de explicar “¿Qué es evangelizar para la Iglesia?”. Nos enseñó que: “Evangelizar significa para la Iglesia (agente) llevar (acción) la Buena Nueva (contenido) a todos los ambientes de la humanidad (destinatario) y, con su influjo, transformar desde dentro (finalidad), renovar a la misma humanidad: «He aquí que hago nuevas todas las cosas» (Ap 21,5)” (EN 18).
En ese horizonte de comprensión, el documento de Aparecida desarrolla el tema general de la V Conferencia: “Discípulos y misioneros de Jesucristo para que nuestros pueblos, en El, tengan vida”. Este es una clave de lectura para entender y explicar el documento, sigue siendo un contenido inspirador para alimentar nuestra fe y para comunicarla a nuestros hermanos personalmente, y, como comunidad cristiana.
Explicita la originalidad de la misión eclesial que, en colaboración con el Espíritu Santo, tiene el sentido de comunicar el don del encuentro con Jesucristo a todos, y la consecuente responsabilidad de formar agentes pastorales para este servicio evangelizador.
“Aquí está el reto fundamental que afrontamos: mostrar la capacidad de la Iglesia para promover y formar discípulos y misioneros que respondan a la vocación recibida y comuniquen por doquier, por desborde de gratitud y alegría, el don del encuentro con Jesucristo. No tenemos otro tesoro que este. No tenemos otra dicha ni otra prioridad que ser instrumentos del Espíritu de Dios, en Iglesia, para que Jesucristo sea encontrado, anunciado y comunicado a todos, no obstante todas las dificultades y resistencias. Este es el mejor servicio -¡su servicio!- que la Iglesia tiene que ofrecer a las personas y naciones (cf. EN 1)” (DA 14).
Luego, encontré una confirmación a mi modo de reflexionar en el análisis que hizo el papa emérito Benedicto XVI, con posterioridad a la V Conferencia, en el que actualiza aquella preocupación evangelizadora de sus predecesores en la sede de Pedro. El formuló la pregunta sobre si Aparecida realizó un discernimiento correcto de los nuevos desafíos de la Iglesia en América Latina y el Caribe, y la forma en que orientó la propuesta evangelizadora: “... hemos vuelto a la pregunta que nos planteamos al inicio: ¿Hizo bien Aparecida, buscando la vida para el mundo, en dar prioridad al discipulado de Jesucristo y a la evangelización? ¿Era una retirada equivocada hacia la interioridad? No. Aparecida decidió lo correcto, precisamente porque mediante el nuevo encuentro con Jesucristo y su Evangelio, y sólo así, se suscitan las fuerzas que nos capacitan para dar la respuesta adecuada a los desafíos de nuestro tiempo”.
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