Por María Florencia Forni
“Acción sin acción. Hacer sólo lo imprescindible. Permitir que ocurra. Facilitar el flujo de la energía. Encontrar el ritmo de la respiración. Mantener la presencia mental. Simplemente andar…”.
Desde hace varios años, el periodista Juan Carlos Kreimer recopila materiales sobre el andar en bici, el auge del ciclismo urbano y las similitudes que esta práctica establece con las enseñanzas del Zen. A diario va sumando datos, párrafos, imágenes, ideas que se le ocurren mientras pedalea en su recuperada Raleigh del 82, o en otros momentos.
Y en noviembre del año pasado, Kreimer publicó “Bici Zen. Ciclismo urbano como meditación” (editorial Planeta), un libro en el que plantea al ciclismo urbano no sólo como movilidad alternativa y sustentable, sino que además la asocia a la meditación.
Para ir y venir al trabajo, o la escuela; para despejarse luego de la rutina diaria; para dar un paseo, solo o en compañía. En Rafaela, muchas personas eligen la bici como medio para transportarse, o pasear. Por eso, citamos algunos párrafos de este peculiar libro:
“800 millones de bicicletas circulan sobre la Tierra, la mayor parte en China. Si los terráqueos sumamos 7000 millones, una de cada ocho personas en el mundo tendría una. Un descuido puede ser la despedida. Pero… ¿cómo dejarla? ¿Con qué reemplazarla? Los deportes son otra cosa”.
“(…) Los intrusos en el tránsito de ayer hoy somos bandadas, pronto seremos plaga. Sin hablar y sin tocarnos, nos multiplicamos naturalmente. Se forman asociaciones, los municipios organizan bicicleteadas, se trazan redes de ciclovías para cruzar la ciudad de norte a sur y este a oeste, aumentan el número de bicicletas públicas y de estaciones para tomarlas y dejarlas, se demarcan lugares para estacionarlas, algunos municipios hasta subvencionan su compra y los de algunas ciudades pequeñas del interior organizan jornadas ciclísticas rescatando lugares clásicos. Hay un reconocimiento oficial al ciclismo urbano. El apoyo no es por amor a la bicicleta: es la única manera de empezar a resolver el dilema del transporte”.
LA VUELTA DE
LA BICICLETA
“La vuelta de la bicicleta no es un fenómeno aislado ni responde exclusivamente a que las calles y avenidas han llegado a un punto de saturación. Se inscribe dentro de una serie de transformaciones originadas por tomas de conciencia. Los municipios son conscientes que la curva de ingreso de vehículos automotores aumenta a la par que se fabrican más unidades nuevas, con los beneficios y trastornos de todo tipo que esto acarrea. La suya es una reacción más que una creación. La de los usuarios: un uso de las libertades aún posibles, algo que no funciona por decreto sino por animarse”.
El tema del tránsito es un tema que suele preocupar a los rafaelinos, en una ciudad donde, pese a la cantidad de habitantes, muchos automovilistas andan “como locos”, transmitiendo una sensación bastante incómoda a los peatones.
Pensar a la bici como medio de transporte, o por qué no, práctica de meditación, puede ser una opción válida y recomendable.
En relación a la meditación, el autor del libro explica que el equilibrio que nos pide la bici es dinámico, cambia imperceptible y continuamente. La postura necesita ir ajustándose al pedido de cada situación. “Imposible mantener el equilibrio aferrándonos a él como si fuera un pasa-manos. Como en toda práctica, el equilibrio resulta de un “cómo” interior, no un de “por qué” ni una forma exterior a la de adecuarse”.
“(…) Arriba de la bicicleta, el cuerpo parece perder su peso y la mente expandir su conciencia. Viene, vuelve a irse, Algo de eso sigue por debajo.
Percibir la bici entre las piernas como una prolongación de Eso hace olvidarme de este cuerpo. Olvidar primero el proceso de análisis, pronóstico y decisión que debo hacer segundo a segundo. Olvidar que hay dos entes separados, uno vivo y otro funcional. Olvidar los cinco puntos de contacto físico que nos unen. Olvidar que las ruedas apoyan en el pavimento. Que hay infinidad de otros entes a mi alrededor. Cuerpo, bici y camino se funden y mi mente queda afuera del tiempo, afuera del recorrido, afuera del cuerpo. Si hay un yo presente es el de la experiencia”.
MUCHOS SOMBREROS
En su blog personal, Kreimer se define: "Un hombre de muchos sombreros".
“Me gusta cómo me clasifica mi hermano mayor. Porque además de dedicarme a andar en bici, practico la carpintería, la lectura, el tenis, el remo, la vida familiar, el mantenimiento de mi casa, ver series, la restauración de vehículos y objetos que encuentro por ahí, la amistad, las charlas en los bares, la búsqueda espiritual, poner la oreja, esposo, padre, el abuelazgo, las diferentes tareas que implica tener una editorial de una sola persona, y un montón de cosas más. Como quien se saca un sombrero y se pone otro.
Lo olvidaba, también escribo. Desde que empecé a aburrirme en la escuela secundaria”.
Autor de Beatles & Co, Agarrate!, Ser como somos, ¿Cómo lo escribo?, El varón sagrado, Rehacerse hombres, Krishnamurti y Contracultura para Principiantes, Ayer nomás, Todos lo sabíamos, El río y el mar, ¿Quién lo hará posible?; actualmente es editor de las serie “Para Principiantes” (Era Naciente) y “Novela Gráfica” (editorial De la Flor).
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