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Información General Lunes 13 de Junio de 2011

Entre el cielo y la tierra, vamos volando

El sábado por la noche se presentó en el lasserre "Vuelo a Capistrano", la obra de Carlos Gorostiza donde se refleja un ambiguo cruce entre la vida y la muerte, lo sagrado y lo profano, la culpa y la compasión. Daniel Fanego, Beatriz Spelzini y María Ibarreta, presentaron trabajos conmovedores de alto nivel.

Redacción

Por Redacción

Polifonía entre la vida y la muerte. “Vuelo a Capistrano” explora la rutina de un pintor (interpretado por Daniel Fanego) que estando enfermo se siente tan angustiado por su falta de inspiración como por la degradación de valores en un mundo que, según sus palabras, se encuentra en disolución.

Pablo vive en un departamento con su actual mujer, moviéndose entre el balcón, el living y el baño, como encapsulado en una suerte de manual sobre pájaros al que recurre obsesivamente. Y en esa casa también es testigo de un desfile de palomas que se pasan por la ventana, palomas que lo molestan, porque le molesta su mediocridad. De ellas dice con total autoridad: “cuando se trata de volar, digo volar volar, dan una vueltecita corta y listo. No dan para más”.

¿Qué significa para este hombre “volar, volar”? Él admira a las golondrinas que viajan desde San Juan de Capistrano (Estados Unidos) hasta el Hemisferio Sur en búsqueda de temperaturas cálidas y alimento; porque esa travesía supone su búsqueda de la libertad, o lo que es mejor, ese vuelo es la concreción de su libertad. “Nunca pierden la conciencia de su origen. Lo que las mueve tal vez no sea sólo una búsqueda de climas cálidos. Tal vez, cuando salen de Capistrano, salen volando en busca de su destino, y es en la libertad donde descubren que su destino está en su origen”.

Y tal es el encandilamiento que le producen las golondrinas que intenta pintarlas en su lienzo; lienzo que sin embargo permanece blanco. ¿Por qué no logra Pablo plasmar en una pintura el vuelo a Capistrano? Una serie de emociones y conflictos se van develando con el transcurrir de la pieza.

Polifonía entre el cielo y la tierra. Pablo busca liberarse de problemas terrenales como su estado de salud, su obstinación, su temperamento por momentos agresivo (insoportable según las mujeres) e incluso una cierta envidia por el hombre que completa (rá) su rol de padre. El dolor de este hombre “está ahí, tanto en el alma como en el cuerpo”.

Daniel Fanego interpreta con naturalidad y encanto este personaje “cuya terquedad y menosprecio por el mundo terrenal esconden una fragilidad interna y una conciencia de su inevitable finitud”.

Entre la fortaleza y la compasión. La esposa actual de Pablo (Beatriz Spelzini) lo acompaña y soporta con serenidad y fortaleza sus cambios de ánimo; es una docente comprometida en la lucha sindical por mejorar condiciones laborales (Gorostiza parece saber del sindicalismo más que Moyano y ciertos periodistas que difunden imágenes distorsionadas).

La ex mujer (María Ibarreña) se muestra más autoritaria y más nerviosa. Llega a la casa protestando porque Pablo hace seis meses no ve a su hija y reclamando una autorización; y él, como intentando explicar su distanciamiento, dirá: “Quiero que Paula se acostumbre a mi ausencia”. Pero al enterarse del avance de la enfermedad de su ex marido, la mujer irascible se desarma mostrando compasión.

Precisión. La trama de “Vuelo a Capistrano” es esencialmente intimista, logrando reflejar relaciones personales y familiares. Gorostiza ha creado diálogos precisos donde no faltan el humor, la ironía, la reflexión.

Reflexiones sobre la vida, la muerte, la libertad, el diálogo entre lo sagrado y lo profano, el sentimiento de culpa; un texto impecable, imposible de reproducir en las líneas de esta crónica. Asimismo, el uso de palabras coloquiales (de uso cotidiano) e incluso de “malas palabras”, acerca este texto a los espectadores.

El reconocido director Agustín Arezzo fue “el traductor ideal para llevar a escena esta nueva obra”, a la cual podemos inscribir en el género realista; y es quien logra una interpretación homogénea y convincente de los personajes. Daniel Fanego, Beatriz Spelzini y María Ibarreta, presentaron trabajos llenos de matices que resultaron conmovedores, demostrando tener la capacidad de exponer en escena una genuina veta sensible.

Para “volar, volar”…

A los 90 años, Carlos Gorostiza (referente central de la llamada “Generación del ’60” y luego del movimiento “Teatro Abierto”, bastión de la resistencia cultural de la última dictadura militar) sigue siendo un gran dramaturgo argentino; cuyas obras nunca intentaron trasportarnos a “otros mundos” sino que siempre logran ayudarnos a indagar este mundo, el mundo que vivimos y que construimos diariamente.

Porque éste quizás sea un “mundo en disolución” como proclama el protagonista pero también es un mundo que se reinventa a cada instante, y somos los hombres y las mujeres los responsables de esa tarea, pese a las limitaciones terrenales. Para resistir a ellas (y volar, volar), nos queda el humor, la poesía, el teatro, la música, el amor…esencialmente el amor.


Vuelo a Capistrano. Autor: Carlos Gorostiza. Dirección: Agustín Alezzo Intérpretes: Daniel Fanego, Beatriz Spelzini y María Ibarreña. Escenografía y vestuario: Roberto Almada. Luces: Chango Monti.

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