Por Redacción
Por Carlos Terranova. - “...para que todos sean uno... para que el mundo crea que tú me enviaste” Juan 17:20-23.
Estas son palabras de Jesús, en ellas el expresa el deseo del corazón del padre “que los cristianos seamos uno en El”. La pregunta que surge es ¿será posible ser uno?
Cuantas veces tenemos que contestarles a las personas la pregunta ¿por qué si todos somos seguidores de Cristo hay tantas denominaciones? Lo más dañino ha sido cuando tratamos a nuestros hermanos como “los primos” y llegamos al extremo de criticarnos o desacreditarnos unos a otros.
Hubo un tiempo que en lugar de colaboración, en lugar de trabajar unidos en favor de los hombres, surgió la competencia, se agrandaron las brechas, se levantaron murallas y fuimos de pésimo testimonio para los de afuera.
En nuestra denominación hace muchos años se realizó un congreso en el que el lema fue “unidad en la diversidad” y esta es la meta, ser uno aunque en algunas formas e interpretaciones tengamos diferencias.
¿Qué habrá querido decir Jesús cuando oró para que seamos uno? El no estaba pensando en uniformidad, en ser fotocopias o clones. El estaba pensando en que debemos ser un solo corazón, en el respeto mutuo y en una sola Iglesia que trabaja unida para extender el reino de los cielos. Cuando entendemos esto las diferencias en lugar de restar y dividir, suman y multiplican; cuando Jesús mira desde el cielo ve una Iglesia, ¡sólo una! Son su familia, los redimidos por su sangre.
¿Sabe una cosa? Dios puede tolerar lo que nosotros hacemos, nuestras liturgias, nuestros énfasis, nuestras diferencias. Lo que él no soporta es el juicio, la murmuración, la falta de amor, la intransigencia y la división. El mundo se pierde, las familias se resquebrajan, el mal avanza y nosotros muchas veces seguimos discutiendo por pequeñeces.
Si no cambiamos un día tendremos que dar cuenta ante él. Es hora de ser instrumentos de unidad. Ofrezcamos una iglesia unida a este mundo dividido.
Oración: Señor este es un tiempo de gracia que no queremos desaprovechar. Abre nuestros ojos y haznos instrumentos de unidad y paz.
El autor es pastor de la Primera Iglesia Evangélica Bautista.
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