Saltar menú de navegación Teclas de acceso rápido
Información General Lunes 4 de Abril de 2011

El riguroso luto de aquellos tiempos

Leer mas ...

Blanca M. Stoffel

Por Blanca M. Stoffel

En aquellos tiempos el luto era señal de afecto y de dolor y se llevaba durante mucho tiempo. Era más riguroso para las mujeres que para los hombres. Las vestiduras eran negras -desde las medias y los zapatos hasta el sombrero-. Los varones usaban corbata negra, y cintas negras en las mangas o en las solapas de sus sacos. Normalmente los vestidos y los sombreros de luto se encargaban a Casa Oliveras.

Flores, fiestas y salidas eran suprimidas por varios meses. Si se nos invitaba a un casamiento, sólo se asistía a la ceremonia religiosa.

Se reanudaban las visitas a familiares y amigos después de tres meses del fallecimiento, pero sí se recibían amigos íntimos que venían a visitarnos y acompañarnos en nuestra desgracia.

El papel de cartas, los sobres y las tarjetas llevaban un filete negro. Se usaban tarjetas para anunciar el fallecimiento. Y estas se enviaban por correo a familiares y amigos; en ellas figuraba el nombre de los familiares, más íntimos, el día de la muerte, la hora y el lugar del sepelio. Conformaban parte del rito obligatorio en estas circunstancias.

La duración del luto variaba de acuerdo al grado de parentesco; por el padre o la madre un año, por los abuelos 6 meses y por los hermanos o tíos tres meses. Pero estos plazos podían variar según la cultura y las costumbres tradicionales de otros países. Había casos en los cuales la esposa, después del fallecimiento del marido, no volvía a vestirse otra ropa que no fuera negra.

El tiempo de luto fue disminuyendo a través de los años, cuestión que se lamentaba sobre todo en las personas mayores, ya que consideraban el luto prolongado como señal de buenas costumbres.

El luto no podía desaparecer bruscamente. Poco a poco íbamos cambiando el negro por el gris y luego por el blanco. Es decir que debía desaparecer paulatinamente. Mientras duraba el luto no asistíamos ni a reuniones festivas ni a confiterías ni a paseos.

En el medio social se controlaba el estricto y rígido cumplimiento del luto y quien se atrevía a desafiar los plazos estipulados era impiadosamente criticado.

La costumbre del luto ha ido desapareciendo paulatinamente de nuestra sociedad, siendo reemplazada por una fría y mesurada reserva, sin exteriorizar de manera alguna los sentimientos por una pérdida irreparable.

Podríamos, sin pecar de exagerados, suponer que se ha ido hasta el otro extremo: el de que manifestar dolor poniéndose ropa negra, sea ridículo, pasado de moda, e inapropiado totalmente para la época que vivimos.

Es verdad que una mentalidad llena de pesimismo y resignación pertenecen en cierto modo a algunas arcaicas creencias, que el hombre moderno se ve obligado -por su cultura- a rechazar. No obstante no deberíamos sorprendernos cuando uno se encuentra con alguna de estas normas o costumbres perfectamente enraizadas en sociedades que se mantienen estáticas o que pertenecen a culturas muy diferentes a la nuestra.

Seguí a Diario La Opinión de Rafaela en google newa

Los comentarios de este artículo se encuentran deshabilitados.

Te puede interesar

Teclas de acceso