Por Redacción
La vida espiritual se divide, algo artificialmente, en tres períodos de desarrollo aunque no hay ninguna línea demarcada que los separe. El clásico escrito espiritual de San Buenaventura "En el camino de tres vías", describe estas tres etapas del alma: desde la purgativa hasta la iluminativa, desde la iluminativa hasta la unitiva, desde la unitiva hasta la culminante etapa del éxtasis.
Estos tres períodos se pueden encontrar en el desarrollo espiritual del Padre Pío.
En la experiencia de este místico, estas vías purgativas fueron muy intensas y las palabras son medios inadecuados para describir los fuegos de purificación por los que él fue impregnado.
El período purgativo de la vida de Padre Pío se puede asignar tentativamente al comienzo de su vida religiosa cuando él recibió los hábitos de novicio en 1903. Es evidente que externamente estés es un tiempo de prueba durante el cual la comunidad religiosa determina la preparación y aptitud del novicio quien, al mismo tiempo, hace un serio juicio de la vida a la cual él cree estar llamado. En otra forma, el camino purgativo requiere de la máxima generosidad por parte del novicio y en el caso de los santos es común que durante este tiempo dicha generosidad exceda las barreras de la moderación. Este es el tiempo en el que sucede un despego del pecado y se rompe toda relación con las criaturas del mundo para vivir sólo para Dios.
Sabemos que aquellos sacrificios como el ayuno, las vigilias, la soledad y varias otras mortificaciones, formaron una parte importante en el desarrollo espiritual del padre Pío durante esta etapa. Estas acciones lo fortalecieron en virtud y libraron su espíritu de todo egoísmo. El ideal Franciscano es severo ante el hombre que quiere lograr una unión con Dios: todo deseo natural, hasta el mínimo movimiento debe ser suprimido.
Cierto incidente remarcó la generosidad del Padre Pío en esta etapa en la que muestra el espíritu de abandono con el que entró en su nueva vida. Aunque nunca fue muy robusto, la salud del joven novicio fue afectada debido a las severas mortificaciones a las que él se sujetaba. Tanto así, que sus padres, al visitarlo a finales de ese año estaban tan impresionados con su apariencia demacrada que pensaron que estaba enfermo. Otro incidente en Venafro nos da una idea de su progreso. Está escrito que una vez vivió por 21 días sin ningún tipo de nutrición, dependiendo solamente de la Sagrada Eucaristía como alimento. Es sumamente interesante observar que en los años posteriores, el Padre Pío nunca dejó de ser tan riguroso con el hecho de que un hombre sobreviviera con tan poco alimento y tan poco descanso.
Luego de la etapa de purgación de los sentidos y con su alma fortalecida por la gracia, nuevas pruebas de una naturaleza más pasiva siguieron tanteando al joven Pío. Se sabe muy bien que durante esta etapa Pío sufrió enfermedades extrañas, la misteriosa hipertermia (temperaturas altas) que subían y bajaban con alarmante rapidez, también su frágil salud con el peligro siempre presente de la tuberculosis, significó frecuentes regresos a su casa en Pietrelcina para descansar. Fue en uno de esos regresos a su casa, cuando el Padre Pío recibió sus primeros estigmas.
Además de sus enfermedades y sus sufrimientos físicos, otras tribulaciones de mayor tormento debieron ser sobrepasadas por el místico. San Juan de la Cruz describe estas tribulaciones con la imagen de: "noche". Después que los sentidos se purifican por medio de "la noche de los sentidos", después de un tiempo el místico entra en la más difícil de las pruebas: "la noche del espíritu". No se puede decir cuánto dura esta etapa, pero directores espirituales señalan que mientras más grande sea la misión de la persona y más profunda la unión y la contemplación a la cual él está llamado, más profundos y duraderos serán sus sufrimientos.
En la noche del espíritu es Dios mismo quien abruma el alma para renovarla a la imagen y semejanza de su Hijo. El permite que todo tipo de maldades ataquen al místico para que el hombre se sienta completamente abandonado, alejado de Dios, víctima del demonio y sujeto a toda clase de tentación y amargura. "Esto no debe sorprendernos", dice San Juan de la Cruz, considerando el gran grado de contemplación a la cual el místico es llamado.
Podemos de esta manera tener una leve idea de lo que Dios estaba haciendo en las profundidades del alma del Padre Pío, por los escritos de esa época: " Que difícil es, Padre el camino de perfección Cristiana para un alma tan mal dispuesta como la mía. Mi vileza me hace temeroso en cada paso que doy"(4-7-1915). En esta etapa del alma, Dios suele alejar su presencia por largos períodos y el que sufre puede sentirse perdido: "la paz se ha desvanecido por completo de mi alma. Me he vuelto completamente ciego. Me encuentro sumergido en una noche profunda y no importa cuánto busco, no encuentro la luz. ¿Cómo, entonces puedo caminar hacia el Señor? El, con todo el derecho me ha lanzado entre los perennemente muertos a quienes El no recuerda más" (8-3-1916),
Extraído de San Pío de Pietrelcina, un crucificado sin cruz.
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