Por Antonio Grande
El llamado a la vida en Cristo es el contenido que la evangelización tiene que comunicar (cf. DA 145, 361) para que los hombres en Él tengan vida.
Esta expresión, citada más de 600 veces, es la más usada en el texto. Abarca no sólo a las personas individualmente consideradas sino también como integrantes de nuestros pueblos. La realidad de la Iglesia y de los pueblos latinoamericanos fue presentada en el segundo capítulo y la evangelización de nuestros pueblos y sus culturas es presentada en los últimos capítulos. Allí se integran el anuncio explícito de Jesucristo con la denuncia de injusticias y la promoción de valores que hacen a una vida en plenitud ya en la peregrinación terrena hacia la casa del Padre.
El Papa emérito Benedicto XVI, hablando a la Curia Romana a fines de 2007, expresó que el Documento de Aparecida integra la fe en Jesucristo con la realización plena del hombre y responde a los desafíos del tiempo: “...ser discípulos de Cristo es un camino de educación hacia nuestro verdadero ser, hacia la forma correcta de ser hombres... La fe lo comprende todo. Esta palabra indica ahora a la vez estar con Cristo y estar con su justicia. En la fe recibimos la justicia de Cristo, la vivimos nosotros mismos y la transmitimos. El Documento de Aparecida concreta todo esto hablando de la buena nueva sobre la dignidad del hombre, sobre la vida, sobre las familias, sobre la ciencia y la tecnología, sobre el trabajo humano, sobre el destino universal de los bienes de la tierra y sobre la ecología: dimensiones en las que se articula nuestra justicia, se vive la fe y se da respuesta a los desafíos del tiempo”.
Conviene destacar el tono positivo y propositivo con que fue escrito el documento episcopal, fruto del acontecimiento realizado en el santuario de Aparecida en el que se compartieron celebraciones eucarísticas y experiencias creyentes de muchos miembros del Pueblo de Dios. Se integra la comunicación del contenido en la experiencia espiritual del acontecimiento del renovado encuentro de Dios con los hombres por la mediación de su Iglesia.
“Es necesario comunicar los valores evangélicos de manera positiva y propositiva. Son muchos los que se dicen descontentos, no tanto con el contenido de la doctrina de la Iglesia, sino con la forma como esta es presentada” (DA 497).
El jesuita argentino Juan Carlos Scannone invita a integrar en la recepción y la transmisión de Aparecida, que actualizó la Buena Noticia al peregrinar histórico de nuestros pueblos, dos elementos complementarios: el aspecto semántico, lo que dice el texto, con el aspecto pragmático, el modo cómo lo dice.
“... el texto del documento conclusivo vehicula un sentir (espiritual y creyente) correspondiente al acontecimiento entonces vivido, y -principalmente- congruente con el contenido del Evangelio: ser Buena Noticia de salvación. Por este motivo se recibe con inmenso gozo, y con ese mismo gozo se comunica. Consecuentemente es apto para promover discípulos-misioneros no solamente por lo que dice (aspecto semántico y locucionario), sino también y fundamentalmente por el modo cómo lo dice (aspecto pragmático e ilocucionario del texto). De este modo, la lectura será totalmente correcta cuando el temple de ánimo con que se lo lee converja con el temple de ánimo con el que fue escrito, que surge del texto mismo y «mueve» al lector a recibirlo, junto con la recepción de los significados propuestos temáticamente. Creo que ese es un punto importante en la actual recepción del texto y en el modo de comunicarlo como discípulos-misioneros”.
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